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LECCIÓN   3.7 

¿Qué sucede cuando se predica con autoridad?


El término autoridad proviene del griego exousia. Significa poder. En el sentido de la capacidad para hacer algo o el derecho que tiene una persona para hacer algo.
 
Autoridad también procede del latín auctoritas. Es la capacidad de crear y de hacer progresar. Se trata del honor y del prestigio que alcanza una persona, mediante el desempeño de su talentoso saber o por el respeto moral de su conducta, digna de seguir o de imitar.
 
Es decir, autoridad es el poder legítimo de influencia y de liderazgo, que tiene un ser humano frente a otras personas, que reconocen y aceptan su sana influencia.
 
El derecho de la autoridad se obtiene por la capacidad y el conocimiento que tiene una persona muy superior a las demás. Su aprobación la certifica la obediencia directa y el apoyo de quienes reconocen dicha autoridad.
 
La autoridad se gana con el ejemplo. El mejor científico es autoridad en la ciencia. El mejor maestro es autoridad en la pedagogía. El mejor escritor es autoridad en la literatura. Y así es en todo. La autoridad la rige quien más sabe y quien más puede.
 
En el caso de Jesús de Nazareth, su autoridad era legítima, porque emanaba de Dios mismo. Lo explicó Jesús cuando los judios lo acusaban de violar las reglas del día de descanso: 
 
"Ciertamente les aseguro que el hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sino solamente lo que ve que su padre hace, porque cualquier cosa que hace el padre, la hace también el hijo" (Juan 5:19).
 
Jesús mismo dijo que su autoridad le fue dada. Jamás hablaba por su propia cuenta (Juan 12:49), ni actuaba por su propia cuenta (Juan 5:26-29). Su potestad era suprema y de jurisdicción universal:
 
"Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra" (Mateo 28:18).
 
La autoridad de Jesús, no era como la supuesta autoridad que creían tener los judios, quienes creían entender y practicar las escrituras (Juan 5:39). Ni tampoco era el equivocado origen de autoridad que pensaban tener los funcionarios romanos:
 
"Pilato le preguntó a Jesús: ¿Por qué no me hablas? ¿No te das cuenta de que tengo autoridad para ponerte en libertad o para crucificarte? Entonces Jesús le dijo: No tendrías ningún poder sobre mí si no te lo hubieran dado desde lo alto" (Juan 19:10-11).
 
El poder de Jesús era su Palabra (Mateo 4:1-11), siendo al mismo tiempo, El mismo la Palabra (Juan 1:1.14). Jesús era el contenido del mensaje, y a la vez era el continente. Es decir, Jesus era el mensaje y también el emisor del mensaje, cuando afirmaba que hablaba en nombre de la fuente divina:
 
"Los que hablan por su propia cuenta buscan su propia gloria, pero el que busca honrar a quien lo envió, habla con la verdad, no con mentiras" (Juan 7:18).
 
El desempeño de la autoridad tiene un propósito. En el caso de Jesús, su finalidad era establecer el reino de Dios aquí en la tierra:
 
"Después del arresto de Juan, Jesús entró en Galilea, donde predicó la Buena Noticia de Dios. ¡Por fin ha llegado el tiempo prometido por Dios!¡El reino de Dios está cerca! ¡Arrepiéntanse de sus pecados y crean la Buena Noticia del reino de Dios!" (Marcos 1:14-15).
 
Jesús era el mensajero que hablaba de las buenas noticias del reino de Dios. Tema con el que Pablo también persuadía a quienes quería evangelizar (Hechos 19:8). Jesús propagó un reino de autoridad divina:
 
"Pues el reino de Dios no consiste en las muchas palabras sino en vivir por la autoridad de Dios" (1 Corintios 4:20).
 
Jesús fundamentó su autoridad en la verdad (Juan 14:16) y vino al mundo para dar testimonio de la verdad (Juan 18:37). Jesús cuando llegó al mundo traía todas las credenciales que le daban la autoridad para cumplir su misión (Filipenses 2:5-11). Autoridad que jamás puede ser hipotecada (Proverbios 23:23), como lo entendieron sus discípulos (1 Juan 5:20), cuando tuvieron que defender con disciplina, sabiduría y buen juicio la verdad de su Maestro:
 
"Cuando Simón vio que el Espíritu se recibía cuando los apóstoles imponían sus manos sobre la gente, les ofreció dinero para comprar ese poder. Exclamó: Déjenme tener este poder también, para que, cuando yo imponga mis manos sobre las personas, ¡reciban el Espíritu Santo!" (Hechos 8:19).
 
Queda claro el criterio cuando se predica con autoridad. Para impartir la palabra con legítima autoridad, hay que vivir bajo autoridad:
 
"Tan sólo pronuncia la palabra desde donde estás y mi siervo se sanará. Lo sé porque estoy bajo la autoridad de mis oficiales superiores y tengo autoridad sobre mis soldados. Sólo tengo que decir: Vayan, y ellos van, o vengan, y ellos vienen. Y si les digo a mis esclavos: Hagan esto, lo hacen" (Lucas 7:7-8).
 
Por eso, la determinación de Jesús de darnos el poder de su autoridad, no fue resultado de una simple decisión espontánea. Es la fórmula correcta de la sucesión legítima, para que la autoridad tenga su verdadero efecto:
 
"Cierto día, Jesús reunió a sus doce discípulos y les dio poder y autoridad para expulsar a todos los demonios y sanar enfermedades. Luego los envió para que anunciaran a todos acerca del reino de Dios y sanaran a los enfermos" (Lucas 9:1-2).
 
Es que el reino de Dios es reino de autoridad, de dominio absoluto y control total. Al creyente verdadero se le otorga dicha autoridad, como cuando recibe las llaves de una casa que acaba de comprar:
 
"Y te daré las llaves del reino del cielo. Todo lo que prohíbas en la tierra será prohibido en el cielo, y todo lo que permitas en la tierra será permitido en el cielo" (Mateo 16:19).
 
Por eso, cuando se predica con autoridad las cosas que se declaran suceden como se dicen (Romanos 4:17), al estilo de Jesús:
 
"Los discípulos quedaron asombrados y preguntaron: ¿Quién es este hombre? ¡Hasta el viento y las olas lo obedecen!" (Mateo 8:27).
 
Cuando se predica con autoridad se gana el reconocimiento y se adquiere el prestigio de la manera como Jesús lo alcanzó, ante las multitudes después de exponer sus enseñanzas:
 
"Cuando Jesús terminó de decir esas cosas, las multitudes quedaron asombradas de su enseñanza, porque lo hacía con verdadera autoridad, algo completamente diferente de lo que hacían los maestros de la ley religiosa" (Mateo 7:28-29).
 
La autoridad es señal de gobierno. Jesús hizo tan buen uso de su autoridad de Redentor y Salvador, que su prestigio fue reconocido muy pronto, hasta por sus más temidos contrincantes:
 
"Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?" (Marcos 1:27).
 
Por donde fuese Jesús, mostraba que tenía poder y autoridad, mediante la supremacía de su palabra:
 
"Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba. Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas" (Marcos 1:21).
 
Se trataba de las señales que Jesús le prometió a sus discípulos que iban a ver cuando ejercieran la autoridad con poder (Marcos 16:17-18), y que Jesús las presentó con evidente autoridad:   

"¿Qué es más fácil decirle al paralítico: Tus pecados son perdonados o ponte de pie, toma tu camilla y camina? Así que les demostraré que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados. Entonces Jesús miró al paralítico y dijo: ¡Ponte de pie, toma tu camilla y vete a tu casa!" (Marcos 2:9-11).
 
La autoridad de Jesús, sólo la pueden ejercer quienes tengan las llaves (Mateo 16:18-19). Pero las llaves sólo las pueden recibir quienes hacen parte de su reino (Efesios 1:17-18), a los demás les espera muchas aflicciones (Lucas 11:52) y les surge muchas inquietudes y dudas:
 
"Cuando Jesús regresó al templo y comenzó a enseñar, se le acercaron los principales sacerdotes y los ancianos. Y le reclamaron: ¿Con qué autoridad haces todas estas cosas? ¿Quién te dio el derecho?" (Mateo 21:23-25).
 
Cómo entender que un maestro como Jesús procediera de una aldea desconocida de la pagana Galilea: "¿Acaso va a venir el Mesías de Galilea? ¿No afirma la Escritura que el Mesías tiene que ser de la familia de David y de su mismo pueblo, de Belén?" (Juan 7:41-42). "¿Es que de Nazaret puede salir algo bueno?" (Juan 1:46).
 
Cómo entender que el Mesías, pudiera haber nacido en una familia de artesanos: "¿No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿No están sus hermanas aquí entre nosotros?" (Marcos 6:3).
En la actualidad siguen surgiendo las mismas preguntas: ¿Cómo llevar a las personas de donde están, hasta donde Dios desea que estén? ¿Cómo sabemos si ese predicador tiene la legítima autoridad? ¿Cómo puedo predicar con la autoridad de Jesús?
 
Jesús fue claro y contudente cuando estableció sus criterios de uatoridad: "En lo poco fuiste fiel, en lo mucho te pondré" (Mateo 25:21.23). No hay que despreciar las oportunidades que Dios está delega, por pequeñas que éstas sean.

Quienes predican con autoridad portan una marca innegable de haber estado en la presencia del Señor. En sus rostros se les revela lo sobrenatural en sus vidas, como a Esteban (Hechos 6:15).

Cuando se predica con autoridad se busca resultados espirituales. Por lo tanto, el poder y la autoridad de la predicación es estrictamente de liderazgo espiritual.
 
Predicar con autoridad es depender total y absolutamente del Poder de Dios que nos capacita para hacer lo que en nuestras fuerzas no podemos:
 
"Jesús los miró fijamente y dijo: Humanamente hablando, es imposible, pero no para Dios. Con Dios, todo es posible" (Marcos 10:27).
 
Octavo Examen:

¿Qué sucede cuando se predica con autoridad?
 
Opción 1 Los espíritu inmundos, el viento y las olas obedecen.
Opción 2 En sus rostros se revela lo sobrenatural en sus vidas.
Opción 3 Se obtiene muchos resultados de liderazgo espiritual.
Opción 4 La persona posee las llaves para mostrar autoridad.