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LECCIÓN   3.6 

Predicar es publicar lo que Dios dice en secreto.

En general, predicar es pronunciar un sermón sobre algún tema. Para algunos es hablar en defensa de ideas o propagar doctrinas. Para otros es persuadir con elocuencia a un público, dar consejos o reprender al auditorio.
 
Muchas veces, la predicación se enfoca en dar respuesta a las inquietudes por las cuales está pasando la iglesia. Se adaptan pasajes bíblicos y se usan recursos técnicos para solucionar problemas de los congregantes.
 
Hay iglesias en donde la predicación viene prefabricada en un calendario de ciclos hasta por tres años, que se siguen repitiendo consecutivamente de por vida. Ya el predicador sabe que es lo que va hablar dentro de tres, cinco, diez años y más.
 
Es evidente la gran cantidad de predicadores, que se preocupan mucho por las técnicas de la predicación y de los regios componentes fundamentales para una buena exposición de un tema o un texto bíblico.
 
Existen numerosos y variados cursos de homilética. Hay quienes aseguran que han descubierto y creado la tecnología más avanzada, infalible y eficaz para predicar la Palabra de Dios.
 
Hay clases metódicas que enseñan a predicar. Dichas metodologías son expuestas por avezados en el tema, quienes encuentran alumnos interesados y dispuestos a practicar dichas destrezas.
 
Sin embargo, cuando vamos al magisterio y a la academia de Jesús, el Maestro de maestros, encontramos divergencia con las propuestas de quienes se creen expertos en la ciencia de la predicación.
 
Jesús es el Maestro por excelencia de la predicación. No sólo dió instrucciones de cómo y qué predicar (Lucas 10:1-20), sino que él mismo ejerció el oficio, pues iba por todos lados anunciando su mensaje:
 
"Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo" (Mateo 9:35).
 
Jesús predicaba el evangelio del reino motivado por las condiciones de incertidumbre en que vivía la población. Las multitudes no tenía quien les anunciara y les proclamara un mensaje de esperanza, que sacara a la gente de la confusión:
 
"Al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor" (Mateo 9:36).
 
Ante semejante calamidad e infortunio, Jesús conmueve a sus discípulos a tomar acción. Hace un diagnóstico de la realidad. Enfoca la necesidad del pueblo y señala la manera de resolver el problema:
 
"Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies" (Mateo 9:37-38).
 
Aquí entendemos que los predicadores son llamados por vocación divina a compartir lo que le han visto hacer, sentir y decir a su Maestro. Se trata de imitar al Maestro. El propósito es poseer el mismo sentir profundo y la íntima relación que tuvo Dios con Jesús:
 
"Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas. Y ahora, en estos últimos días, nos ha hablado por medio de su Hijo" (Hebreos 1:1-3).
 
¿Qué otro mensaje puede dar un predicador, si no es el contenido en la persona de Jesús? ¿Cómo se debe predicar y qué se debe predicar, si no es siguiendo las instrucciones del mismo Maestro de la predicación?
 
"No os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros" (Mateo 10:19-20).
 
En el mismo contexto de las instrucciones que Jesús imparte a sus discípulos, afirma que predicar es hacer público lo que les ha dicho en secreto. Además, dice Jesús que hay que hacerlo sin temor, porque todo lo que ha sucedido y se ha dicho está destinado a conocerse:
 
"Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas" (Mateo 10:26-27).
 
El mensaje de Jesús fue articulado a los oídos de sus discípulos. Mensaje que a su vez, el Padre le había encomendado a Jesús. El Maestro de Galilea, sólo estaba mostrándose a sus incondicionales e inseparables amigos:
 
"Ustedes ahora son mis amigos, porque les he contado todo lo que el Padre me dijo" (Juan 15:15).
 
El predicador es un íntimo de Jesús. Hay que especificar, que Dios habla a las personas en particular. Pero también hay que aclarar que cuando un predicador habla, es porque ha escuchado a Dios en su intimidad.
 
Jesús mismo afirmó que El no hablaba por su propia cuenta. Decía lo que le había comisionado su Padre. No pasaba los límites:
 
"Le preguntaron: ¿Y quién eres? El que siempre dije que era. Tengo mucho para decir acerca de ustedes y mucho para condenar, pero no lo haré. Pues digo sólo lo que oí del que me envió, y él es totalmente veraz" (Juan 8:25-26).
 
Predicar es hablar lo que Dios dice en secreto, porque es la manera usual que Dios se da aconocer. Predicar es dar a conocer lo que Dios dice en la intimidad. Dios comunica a personas indicadas lo que la humanidad debe conocer:
 
"He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría" (Salmo 51:6).
 
Esta intimidad con Dios no se refiere a los momentos de oración, de devocional o adoración. Se trata de un estado permamente de estar en compañía de Dios, a quien se le conoce por su fidelidad y lealtad:
 
"Porque ¿quién estuvo en el secreto de Dios, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó?" (Jeremías 23:18)
 
En el secreto de Dios, significa en la presencia del Señor para escuchar lo que en realidad dice:
 
"Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras" (Jeremías 23:22).
 
El predicador debe permancer en el secreto de Dios. Es decir en su frecuencia hertziana, en sintonía, escuchándo el mensaje divino. El predicador aunque siempre tenga un mensaje, enfrenta el problema que no siempre es de Dios.
 
Por eso, el predicador debe seguir el modelo de los grandes oyentes de la Palabra de Dios, como lo encontramos en la Biblia: 
 
"Habla Señor que tu siervo escucha" (1 Samuel 3:10). María invita a hacer lo que diga Jesús (Juan 2:5). Igualmente ella se sometió a la Palabra: "He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra" (Lucas1:38). Hay confianza eficaz: "pero dí la palabra, y mi siervo será sano" (Lucas 7:7).
 
La comunicación es mutua y de permanente interrelación entre Dios y el predicador.
 
Dios escucha al predicador:
 
"Pues Dios dice: En el momento preciso, te oí. En el día de salvación te ayudé. Efectivamente, el momento preciso es ahora. Hoy es el día de salvación" (2 Corintios 6:2).
 
El predicador escucha a Dios:
 
"Luego oí una fuerte voz que resonaba por todo el cielo" (Apocalipsis 12:10).
 
La relación entre la fuente del mensaje y el emisor del mensaje es íntimamente espiritual. Los profetas fueron mensajero inspirados por la fuerza y el poder del Espíritu:
 
"Los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo"(2Pedro1:21).
 
El predicador, al igual que el profeta, es un mensajero que escucha e interpreta al Espíritu Santo:  

"Todo el que tenga oídos para oír debe escuchar al Espíritu y entender lo que él dice a las iglesias"(Apocalipsis 2:7).

Por eso, el predicador habla cuando el Espíritu ha fluido y le ha dado a conocer su mensaje. El predicador sabe esperar y conoce cuando permanece activo en la presencia espiritual:
 
"No apaguéis al Espíritu. No menos preciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno" (1Tesalonicenses 5:19-21).

El predicador entiende muy bien la responsabilidad de preparar a la iglesia. El predicador sabe que la edificación del cuerpo de Cristo es un proceder continuo de predicación asidua y constante hasta alcanzar la meta dispuesta por Jesucristo:

"Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo" (Efesios 4:11-13).

Y sabemos que el estándar de Cristo es la perfección (Mateo 5:48). Por la palabra que pronuncia el predicador se va conformando la iglesia, a la medida de Cristo, en un solo rebaño a la voz de su predicación:
 
"Una vez reunido su propio rebaño, camina delante de las ovejas, y ellas lo siguen porque conocen su voz" (Juan 10:4).

Así como a Jesucristo le fue encomendada la salvación de la humanidad, en el mismo sentido la palabra fue encomendada a los predicadores:
 
"Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte"(Ezequiel 3: 17).

La predicación no se agota en una persona o época. A través de la historia se va dando un relevo constante de predicadores, que siguen el mismo procedimiento de los primeros discípulos:
 
"y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas , y profetizaban" (Hechos19:6).
 
Por eso, para poder predicar lo que Dios dice en secreto, el predicador debe ser un buen oyente. Oír es una virtud que se adquiere escuchando los mensajes divinos. Lo demás sería simplemente voces disonante. El lenguaje divino es lo que oye un predicador:

"Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos10: 17).
 
Cuando un predicador está quedando sin qué decir, gime y pide a Dios que le enseñe lo que debe hablar (Santiago 1:5). Con seguridad le será entregado y revelado sobre abundantes mensajes:
 
Clama mí, y yo te responderé,y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces" (Jeremías33:3).
 
Así como Jesús escuchó a su Padre. Así los predicadores escuchan a Jesús. Es más los anuncaidores de la palabra se configuran con Cristo:
 
"Pues, ¿Quién puede conocer los pensamientos del Señor? ¿Quién sabe lo suficiente para enseñarle a él? Pero nosotros entendemos estas cosas porque tenemos la mente de Cristo" (1 Coriontios 2:16).
 
Hasta aquí hemos probado que las técnicas humanas que aspiran a capacitar a los predicadores en el arte de la comunicación de la palabra, quedan menguadas cuando Dios da el mensaje y designa a los mensajeros a su modo:
 
"Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos"(1Corintios2:7).
 
Tal decisión divina causa desazón entre quienes obstenta el poder en el mundo. Por su puesto, si el predicador publica lo que Dios le ha dicho al oído, no será muy popular por quienes operan la sapiencia humana: 
 
"Encambio, hablamos con sabiduría entre los que han alcanzado madurez, pero no con la sabiduría de este mundo  ni con la de sus gobernantes, los cuales terminarán en nada" (1 Corintios2:6).
 
En conclusión, la predicación es una labor de lealtad y coherencia entre Dios y el predicador. La exposición de la palabra es un reflejo fiel de la fuente divina. Predicar es publicar lo que Dios dice es secreto.
 

Séptimo Examen:

¿Qué significa: "predicar es publicar lo que Dios dice en secreto"?
 
Opción 1 Es dar a conocer lo que Dios dice en la intimidad.
Opción 2 Se trata de cumplir una labor de lealtad a Dios.
Opción 3 Dios escoge lo insensato para avergonzar a sabios.
Opción 4 El predicador es un buen oyente del mensaje divino.