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LECCIÓN   3.5 

El canto es la melodía que nos alinea hacia Dios.


Cantar es vibrar en la presencia de Dios. Si orar es dialogar con Dios, cantar es la melodía que nos mantiene en sintonía con Dios y en armonía verbal divina.
 
La vida terrenal de Jesús desde el comienzo hasta el final, estuvo marcada por el carácter musical. Su ambiente estuvo arraigado por el hábito melodioso de su cultura y el sentido espiritual del canto.
 
Entre los muchos aspectos relativos a la música en la vida de Jesús, se destacan los siguientes momentos: 
 
María, la madre de Jesús, expresa sus pensamientos cantando (Lucas 1:45-55). El nacimiento de Jesús fue anunciado con voces angelicales (Lucas 2:14). La presentación en el templo estuvo acompañada con himnos de alabanza (Lucas 2:22-38). Y al final de su vida, quedó reseñado que Jesús cantó (Marcos 14:26).
 
Ese mismo matiz musical sostuvo a los apóstoles fieles, hasta en los momentos más cruciales de sus vidas. Pablo y a Silas en momentos de apuro permanecieron en la frecuencia divina:
 
"Alrededor de la medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, y los demás prisioneros escuchaban" (Hechos 16:25).
 
¿Acaso no podría ser algunos de los cantos que por muchos años habían interpretado? Como por ejemplo:

"¡Alabado sea el Señor! Que todo lo que soy alabe al Señor. Alabaré al Señor mientras viva; cantaré alabanzas a mi Dios con el último aliento" (Salmo 146:1-2).
 
Es que si nos fijamos, a diario todos estamos sujetos a las frecuencias que nos rodean. Emitimos oscilaciones, vibraciones u ondas en las diversas circunstancias de nuestra vida. Por eso Santiago aconseja:
 
"¿Alguno de ustedes está pasando por dificultades? Que ore. ¿Alguno está feliz? Que cante alabanzas" (Santiago 5:13).
 
El canto es la melodía que nos alinea hacia Dios porque mueve y direcciona el alma y la enfoca hacia Dios. Es la gama inspiradora del colorido abanico de arpegios celestiales y paradisiacos:
 
"Que los justos canten de alegría al Señor; les corresponde a los puros alabarle. Alaben al Señor con melodías de la lira; toquen música para él en el arpa de diez cuerdas. Entónenle un cántico nuevo de alabanza" (Salmo 33:1-3) .
 
El canto es el sabor que le da gozo a la relación con Dios. Cuando se ora cantando las fronteras desaparecen por el lenguaje universal de las expresiones musicales:
 
"Que el mensaje de Cristo, con toda su riqueza, llene sus vidas. Enséñense y aconséjense unos a otros con toda la sabiduría que él da. Canten salmos e himnos y canciones espirituales a Dios con un corazón agradecido" (Colosenses 3:16).

El canto es la voz que mientras sale del cuerpo humano a través del aparato fonador va integrando palabras en la línea musical de la comunicación con Dios.

La música es el alimento espiritual que da paz eterna y armonia interior. En el canto la oración pasa por los diversos niveles de espectros, frecuencias, resonancias, vibraciones y análisis armónico.
 
¿Cómo, entonces, no aceptar la invitación del salmista?
 
"Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra" (Salmo 100:1).
 
Cómo el aire es la energía del cuerpo, el canto es el oxígeno del espíritu. De nuevo el aire, que representa el aliento divino, interviene en el canto. El aire que circula por el sistema respiratorio hace vibrar las cuerdas sonoras en el espectro de resonancias divinas.
 
Ahora podemos entender al profeta cuando dice:
 
"Pues el Señor tu Dios vive en medio de ti. Él es un poderoso salvador. Se deleitará en ti con alegría. Con su amor calmará todos tus temores. Se gozará por ti con cantos de alegría" (Sofonías 3:17)
 
La creación fue hecha para alabar a Dios. Por eso, la inteligibilidad oral, la presencia de armónicos, la energía de la voz, el timbre armónico,  la duración de la respiración, el espectro acústico natural y los componentes de la frecuencia, son instrumentos creados por Dios, para su adoración.
 
De ahí que hablar es cantar. Todo lenguaje o idioma tiene sonoridad. Lo mismo sucede en la oración, su pronunciación tiene melodía:

"Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos" (Apocalipsis 15:3).
 
Lo más característico de un ser humano es su acento al hablar. Es propio. De sí mismo. Heredado. Es un hábito que siempre se lleva consigo, no importa dónde vaya, ahí va con su acento. La oración es el hábito musical constante, que convierte la vida en adoración:

"cantando salmos e himnos y canciones espirituales entre ustedes, y haciendo música al Señor en el corazón" (Efesios 5:19).

La oración cantada en la adoración es la pronunciación parecida de un grupo de individuos que hablan con la misma entonación y sonoridad. En los cantos  se reflejan muchas peculiaridades y experiencias inherentes de la personalidad de un grupo.
 
De ahí que cada iglesia, corriente espiritual, congregación o época tenga su propia expresión musical. El canto da seguridad y a veces causa incertidumbre.
 
Debido al círculo donde reencuentre el individuo. Si está con semejantes se siente cómodo. La música es un recurso para darse a entender. Pero puede haber frustración, bajo rendimiento en la adoración y en los frutos del ministerio cuando no hay similitud en su alabanza.
 
Es que precisamente, las palabras no son las que transmiten el mensaje, sino el tono de sus expresiones. El canto da sentido, declara y comprende a lo que se quiere comunicar. Un recado se interpreta mejor con musicalidad.
 
En el canto, los sentimientos florecen, los versos brotan, los reflejos emergen, los recuerdos indultan, las palabras adquieren sentido, el alma se sumerge en las profundidas de su misterioso ser y vida se eleva a lo más excelso de las aspiraciones espírituales.
 
Cuando cantamos, la voz abraza el tiempo y transforma la oscuridad en luz, lo frío en cálido y la indiferencia en amor. Definitivamente, el canto es la melodía que nos alinea hacia Dios. Por eso el salmista nos recomienda:
 
"¡Alaben al SeñorPues él oyó que clamaba por misericordia. El Señor es mi fortaleza y mi escudo;  confío en él con todo mi corazón. Me da su ayuda y mi corazón se llena de alegría; prorrumpo en canciones de acción de gracias" (Salmo 28:6-7).
 
Sexto Examen:

¿Por qué el canto es la melodía que nos alinea hacia Dios?
 
Opción 1 Porque al cantar florecen los versos y los sentimientos.
Opción 2 Porque es un recurso para darse a entender con los otros.
Opción 3 Porque mueve y direcciona el alma y la enfoca hacia Dios.
Opción 4 Porque como el aire es al cuerpo, la música es al espíritu.