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LECCIÓN   3.3 

La adoración es el culto permanente de la Iglesia.


La adoración no son cultos aisladas, ni ceremonias protocolarias de un grupo de creyentes. Ni siquiera son sólo los servicios congregacionales dominicales o devocionales de una iglesia. Es mucho más.
 
El ejercicio de la adoración no se agota en un servicio comunitario de oración y alabanza. Adorar es entrar en el tiempo perpetuo de la experiencia espiritual de volver a vivir en el territorio destinado por Dios a la humanidad:
 
"El Señor Dios puso al hombre en el jardín de Edén para que se ocupara de él y lo custodiara" (Génesis 2:15).
 
La adoración es permanecer en el ambiente correcto de Dios. Es volver al original plan divino. Es estar siempre dirigidos por Dios y en fraternal unión unos a otros (Colosenses 3:12-15). Fue Dios quien concibió el lugar, plantó un huerto, y allí soltó, situó, posó a la humanidad.
 
Por lo tanto, es Dios mismo quien propicia en la mente y en el corazón del ser humano el lugar de la adoración. La adoración está en el corazón de la humanidad. El corazón nunca para, ni  se detiene. Siempre está en acción. En lo espiritual, la adoración es la recuperación del paraiso perdido:
 
"Que el mensaje de Cristo, con toda su riqueza, llene sus vidas. Enséñense y aconséjense unos a otros con toda la sabiduría que él da. Canten salmos e himnos y canciones espirituales a Dios con un corazón agradecido. Y todo lo que hagan o digan, háganlo como representantes del Señor Jesús y den gracias a Dios Padre por medio de él" (Colosenses 2:16-17).
 
Adorar es retornar completamente al paraiso y respirar en la atmosfera creada por Dios. Es vivir y quedarse por siempre en el sitio que Jesús le prometió al condenado, mientras estaban colgados en la cruz:
 
"En verdad te digo que este día estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:43).
 
La adoración actualiza el paraiso original, donde  la profunda relación y la participación de la vida con Dios, se lleva de manera tranquila y feliz, en perfecto dominio y armonía. Por eso la adoración debe ser un culto permanente de la iglesia, y el lugar de la adoración debe ser la humanidad de creyentes en Cristo.
 
La adoración sucede en el paraiso, y el paraiso es el reino de Dios que está entre los creyentes (Lucas 17:21). No hay que esperar a estar muertos para gozar del paraiso. Desde aquí, en esta vida, a través de la adoración, se disfruta de la primicias del paraiso definitivo, como lo experimentó el apóstol Pablo:
 
"Hace catorce años fui llevado hasta el tercer cielo. Si fue en mi cuerpo o fuera de mi cuerpo no lo sé; sólo Dios lo sabe. Es cierto, sólo Dios sabe si estaba yo en mi cuerpo o fuera del cuerpo; pero sí sé que fui llevado al paraíso y oí cosas tan increíbles que no pueden expresarse con palabras, cosas que a ningún humano se le permite contar" (2 Corintios 12:2-4).
 
La adoración verdadera y genuina es un culto permanente, donde se pone en contacto y comunión las dimensiones divinas invisibles con las visibles (Colosenses 1:19-20). La adoración une al cielo con la tierra.
 
La adoración no puede ser un acto intermitente, ni descontinuo. La adoración es un fluido de gracia, amor, alabanza y bendiciones constantes, por el contacto perpetuo, entre el generador que es Dios, y el generado que es la humanidad.
 
La adoración es una actitud de nuestra vida movida perpetuamente por la influencia del Espíritu Santo, quien nos da vida y hace real nuestra presencia actual en el cielo mientras vivimos en la tierra:
 
"Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús" (Efesios 2:6).
 
La adoración es prefiguración de la eterna adoración celestial. La adoración es permanente, porque es semejante al fervor de los adoradores en el cielo:
 
"Por eso están delante del trono de Dios y le sirven día y noche en su templo. Y aquél que está sentado en el trono les dará refugio" (Apocalipsis 7:15).
 
La adoración es un estado del alma o del espíritu, sin lugar y sin tiempo, sin pasado ni futuro. Es el cielo, es el paraíso. Es estar con Dios:
 
"Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo" (Romanos 12:1). 
 
La adoración es la misma vida en el paraiso. Es nuestra casa, es lo habitual, donde debemos vivir en la presencia de Dios. Por eso, nuestro cuerpo es templo divino:
 
"¿Y qué clase de unión puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? Pues nosotros somos el templo del Dios viviente. Como dijo Dios: Viviré en ellos    y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios,  y ellos serán mi pueblo" (1 Corintios 6:16).
 
La adoración va donde se desplaza nuestro cuerpo. Se entiende porque Dios le dijo a Josué que estaría a su lado donde fuera (Josue 1:9). El tiempo deja de existir en la adoración y se vuelve un movimiento dinámico, siempre próspero y progresivo:
 
"Estamos cuidadosamente unidos en él y vamos formando un templo santo para el Señor. Por medio de él, ustedes, los gentiles, también llegan a formar parte de esa morada donde Dios vive mediante su Espíritu" (Efesios 2:21-22).
 
¿Cómo puede haber tiempo en la adoración, si nosotros somos el templo y quien produce la adoración está siempre presente? El Espíritu Santo es el adorador en nosotros. Por eso la adoración es un culto permanente:
 
"¿No se dan cuenta de que todos ustedes juntos son el templo de Dios y que el Espíritu de Dios vive en ustedes? Dios destruirá a cualquiera que destruya este templo. Pues el templo de Dios es santo, y ustedes son este templo" (1 Corintios 3:16-17).
 
El culto permanente es un servicio cotidiano del creyente, porque la presencia de Dios es estable y siempre presente. No hay pasado, ni futuro. Es un eterno actual, pero en espiral, hacía arriba, buscando la calidad y la excelencia:
 
"¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos" (Apocalipsis 21:3-5).
 
 
Cuarto Examen:

¿Por qué la adoración es el culto permanente de la iglesia?
 
Opción 1 Porque somos templo y adorar está siempre en nosotros.
Opción 2 Porque debemos estar noche y día en el templo adorando.
Opción 3 Porque Jesucristo pidió que estuviéramos siempre vigilando.
Opción 4 Porque la música y las oraciones son necesarias para adorar.