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6. KOINONÍA:
 
La popular Koinonía es una expresión muy conocida en el ámbito cristiano. Expresa la comunión entre personas. Es la comunión eclesial. También es la común unidad entre los miembros de la Iglesia y Dios.
 
Cuando se vive en koinonía, es cuando aparece visible la Iglesia. Pues estar en comunión unos con otros, formando el cuerpo de Cristo en su Iglesia, se evidencia la estructura de la Iglesia.
 
La koinonía tiene un carácter social, en la cotidianidad de la vida diaria, en sus diversos ambientos y en la variedad de dimensiones, ya sea en lo social, político, económico, familiar, gremial, grupal, sexo, raza, cultural, entre muchas más sectores del entorno.
 
Acercándonos al lenguaje griego, koinonía es sinónimo de "eiréne", que significa paz. De "symphonía", que es unanimidad. De "homopsychía", que es concordia. De "homónoia" que traduce unidad.
 
Cuando vino el Espíritu Santo "estaban todos unánimes juntos"(Hechos 2:1). Precisamente el Espíritu Santo actúa cuando no se le pone obstáculo:
 
"Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación" (1 Corintios 14:26).
 
Comulgar con Cristo es, por su misma esencia, comulgar unos con otros. Ya no somos los unos junto a los otros, cada uno por si mismo. Sino que cada uno de los otros que comulgan es para mí, por decirlo así, "hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Génesis 2:23).
 
La Iglesia no nace como una simple federación de comunidades. Nace a partir del único pan, del único Señor; y a partir de él es desde el inicio y en todas partes una y única, el único cuerpo, que deriva de un único pan:
 
"Cuando bendecimos la copa en la Mesa del Señor, ¿no participamos en la sangre de Cristo? Y, cuando partimos el pan, ¿no participamos en el cuerpo de Cristo? Aunque somos muchos, todos comemos de un mismo pan, con lo cual demostramos que somos un solo cuerpo" (1 Corintios 10:16-17).
 
Se confirma que el "pan" es el nuevo maná, que Dios nos da (Juan 6:32-33). Es para todos el único y el mismo Cristo. Verdaderamente el único e idéntico Señor es a quien recibimos en la eucaristía.
 
En la santa cena, Jesús se nos presenta como el pan de vida (Juan 6:36), con la garantía de que si lo comemos vamos a tener vida, pues él es la vida eterna y nos resucitará en el último día (Juan 6:54).
 
Koinonía es la fuerza que conserva, acrecienta y renueva la gracia. Dios mismo nos da la potencialidad de crecer cuando nos convierte en nuevas criaturas (2 Corintios 5:17). Por eso, la gracia no es estática, hay que hacerla crecer:
 
"En cambio, crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea toda la gloria ahora y para siempre! Amén" (2 Pedro 3:18) 
 
La koinonía más que simplemente entenderla hay que vivirla, pues sigue siendo un misterio profunda del buen vivir. Es el misterio transparente, pero sólido del amor, que se manifiesta en la unidad que produce el Espíritu Santo:
 
"¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos, porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo" (1 Corintios 6:19-20).
 
El cuerpo es la exteriorización de lo que hay en el interior (Mateo 12:34). Hay que alabar a Dios (Salmo 135:1-2) y ser adoradores en espíritu y en verdad (Juan 4:24). Por eso hay que cuidar nuestro cuerpo, de la misma forma hay que cuidar a la iglesia:
 
"Nadie odia su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida tal como Cristo lo hace por la iglesia. Y nosotros somos miembros de su cuerpo" (Efesios 5:29-30).  
 
La koinonía es el alma de la fe. Es el prontuario de todo el propósito de la iglesia a través de los siglos, el cual es ser sacramento de salvación, en el sentido de que el único fin de la existencia de la iglesia, a través de la historia, es para salvación (Marcos 16:16).
 
La iglesia es quien proporciona la posiblidad de nacer del agua y del espíritu, como única posibilidad para entrar al reino de Dios (Juan 3:5). Lo que significa que la salvación viene de Cristo, quien es la cabeza, a través de su cuerpo que es la iglesia (Colosenses 2:18-19).
 
Cristo es quien nos acoge y nos asume en sí mismo y para él. No somos nosotros los que asimilamos el pan, sino que es Cristo quien nos asimila a nosotros. Por eso,llegamos a configurarnos a Cristo, como dice Pablo. Nos hacemos miembros de su cuerpo.
 
La comunión de sangre es también inserción en la dinámica de esta vida, de la "sangre derramada". Dinamización de nuestra existencia, gracias a la cual puede convertirse en un ser para los otros, como podemos verlo con evidencia ante nosotros en el corazón abierto de Cristo.
 
Todos somos arrancados de nuestra individualidad cerrada e insertados en una más grande: en el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, en la cual, unidos entre nosotros, hechos idénticos, nos convertimos en miembros los unos de los otros de Cristo.
 
La comunión con Jesús se convierte en comunión con Dios mismo, comunión con la luz y con el amor; se transforma así en vida recta, y todo esto nos une los unos a los otros en la verdad. Sólo si consideramos la comunión con esta profundidad y amplitud tenemos algo que decirle al mundo:
 
"Te pido que todos sean uno, así como tú y yo somos uno, es decir, como tú estás en mí, Padre, y yo estoy en ti. Y que ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste" (Juan 17:21).
 
La Iglesia es una, no por un gobierno centralista, ni tampoco se identifica con un gobierno federalista. La unidad la proporciona Cristo. Unidad que no es simple unidad humana. Por eso, nuestra vida entregada totalmente a Cristo, nos lleva a servirle en el mundo:
 
"Tenía hambre y me disteis de comer, tenía sed y me disteis de beber; estaba desnudo y me vestisteis; estaba enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme" (Mateo 25:35-36).
 
El Verbo hecho carne, es un don de una "koinonia", comunión, con el Padre y con su Hijo Jesucristo (1 Juan 1:37). Se trata de una verdadera comunión con el Dios vivo para tener vida en el Verbo de la vida.
Koinonía es una comunión recíproca:
 
"Si andamos en la luz, como él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros" (1 Juan 1:7). 

Primer Examen:

¿Qué es koinonía?
 
Opción 1 Es mantener buenas relaciones humanas sin conflicto.
Opción 2 Es estar siempre juntos y trabajar unidos con propósito.
Opción 3 Es la uniformidad que hay entre gente del mismo oficio.
Opción 4 Es la fuerza que conserva, acrecienta y renueva la gracia.