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LECCIÓN   6.9 

El símbolo evoca valor y sentimientos.
 
Todo sacramento atesora un gran valor. Quienes reciben la gracia de los sacramentos, como los asistentes al acto ceremonial son lucrados y bendecidos por el efecto sacramental. Además el sólo símbolo sacramental despierta profundos sentimientos en los creyentes.
 
El símbolo del agua está presente en muchas religiones y en sus diversos rituales, al igual que en la mística y en los misterios de la naturaleza. El agua tiene características vitales, fecundas y de belleza mitológica.
 
El agua es abundante en el planeta y aún se desconoce por qué donde hay agua se reproduce la vida. Además, el agua tiene tanto valor, que hasta un vaso de agua es importante en la obra de Jesucristo: 
 
"Si alguien les da a ustedes incluso un vaso de agua porque pertenecen al Mesías, les digo la verdad, esa persona ciertamente será recompensada" (Marcos 9:41).
 
El agua es patrimonio de la vida. No se le niega a nadie. Dios mismo no hace excepción de personas, cualquiera sea su condicción y conducta del ser humano, recibe su porción de agua:
 
"De esa manera, estarás actuando como verdadero hijo de tu Padre que está en el cielo. Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual" (Mateo 5:45).
 
La misma Palabra de Dios es comparada con el agua. La limpieza y la vida, la vida de gracia, la consagración a Dios, se representan mediante el agua. El mensaje novedoso de Jesucristo, cuando es aceptado por el creyente, comienza a producir torrentes de felicidad, de paz, de gozo y de vida eterna:
 
"El último día del festival, el más importante, Jesús se puso de pie y gritó a la multitud: ¡Todo el que tenga sed puede venir a mí! ¡Todo el que crea en mí puede venir y beber! Pues las Escrituras declaran: De su corazón, brotarán ríos de agua viva" (Juan 7:37-38).
 
En sus diversos estados de líquido, gaseoso y sólido, el agua es inspiración del arte en sus diversas expresiones, al igual que simboliza la presencia de la divinidad del Padre, del Hijo y  del Espíritu Santo, en nuestra fe cristiana.
 
La vida proviene de Cristo, quien es fuente de la verdad, del Espíritu Santo, quien santifica, transforma y alimenta el alma; y del Padre, quien no desampara a sus creaturas y abre caminos y fuentes en el desierto (Isaías 41:17-18). Dios marca el nuevo comienzo de la vida cristiana del creyente:
 
"Jesús contestó: Cualquiera que beba de esta agua pronto volverá a tener sed, pero todos los que beban del agua que yo doy no tendrán sed jamás. Esa agua se convierte en un manantial que brota con frescura dentro de ellos y les da vida eterna" (Juan 4:13-14).
 
El símbolo de pan y del vino en la Santa Cena, inspiran sentimientos de acción de gracias, de sacrificio, de entrega, de filial afecto y desapego de las ataduras físicas. La Eucaristía es sañal de abandono y de seguridad en las promesas divinas y eternas Dios:
 
"Y debido a su gloria y excelencia, nos ha dado grandes y preciosas promesas. Estas promesas hacen posible que ustedes participen de la naturaleza divina y escapen de la corrupción del mundo, causada por los deseos humanos" (2 Pedro 1:4).
 
En la Santa Cena, los elementos del pan y del vino, expresan y responden a las inquietudes humanas de entender el alcance y el costo de la salvación eterna. La Eucaristía ilumina las mentes hasta de los más indiferentes y escépticos a la fe, para comprender que el cuerpo y la sangre de Cristo se hacen presentes:
 
"Pues mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. Todo el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él" (Juan 6:55-56).
 
Igual valor y semejantes sentimientos evocan y avivan los símbolos del aceite, la señal de la cruz, la luz, los colores, la imposición de manos, las vestiduras o alguna otra representación que forma el tejido significante, que se usan en los signos sacramentales. 
 
Las realidades invisibles, divinas y espirituales adquieren relevancia y evidencia segura, claridad y certeza en los símbolos sacramentales. Los símbolos que se usan en los ritos sacramentales, no sólo son gestos, acciones y lenguaje humano, sino que se convierten en la real presencia de Dios en medio de la humanidad.
 
Los símbolos evocan valor y sentimientos porque Dios se hace presente a través de los sacramentos.
 
La única manera en que Dios le habla a los seres humanos es a través de la misma creación. De ahí que los símbolos evoquen valor y sentimientos en la humanidad, realizan la voluntad de Dios, significan la acción del Espíritu Santo y perpetuan la acción salvífica de Cristo, hasta alcanzar la gloria eterna. 
 
 
Décimo Examen:

¿Por qué los símbolos evocan valor y sentimientos?
 
Opción 1 Porque los sacramentos representan la gracia de Dios.
Opción 2 Porque los símbolos son mitos y leyendas de las culturas.
Opción 3 Porque Dios se hace presente a través de los sacramentos.
Opción 4 Porque Dios quiere que todos los seres humanos se salven.