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LECCIÓN   6.7
La unidad del signo y de su contenido.
 
Signo es una señal que delante nuestro evoca una realidad más allá de lo que percibimos. La unidad del signo consiste en la comunicación del contenido con alto grado de significado de la gracia de Dios.
 
El signo sacramental es un medio que comunica la gracia de Dios para el bien de nuestra vida espiritual; es un instrumento que usamos los seres humanos para recibir la gracia de Dios.
 
El signo es lo físico, es el medio o lo visible que observamos cuando se administra el sacramento, pero el contenido es la gracia de Dios. Cuando se da la coherencia entre el signo y su contenido se produce la gracia eficaz de Dios, a favor de quien recibe el signo sacramental. 
 
Los elementos que componene el signo sacramental es la materia, la forma, el contenido y quien ministra el sacramento. 
 
La unidad del signo y de su contenido consiste en un medio evidente, sensible, palpable y eficaz de gracia. La materia es el signo que se usa para ministrar el sacramento, y la forma son las palabras que se pronuncian al momento de ministrar el sacramento.
 
Por ejemplo, el agua en el bautismo es la materia. Ese signo significa purificación, nueva vida o un nuevo comienzo. Trasmite la gracia del nacimiento a la vida espiritual:
 
"Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios" (Juan 3:3-5).
 
El pan y el vino en la Santa Cena es la materia y significan la presencia del cuerpo y la sangre de Cristo:
 
"Al sentarse a comer, tomó el pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a ellos. De pronto, se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Y, en ese instante, Jesús desapareció" (Lucas 24:30-31).
 
La unción con el aceite designa e imprime un sello espiritual de sanidad y de valor compasivo:
 
"Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él" (Lucas 10:33-34).
 
El aceite es signo de unción, tanto de purificación y de fortaleza, como de curación y de consuelo:
 
"¿Alguno está enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia, para que vengan y que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. Una oración ofrecida con fe, sanará al enfermo, y el Señor hará que se recupere; y si ha cometido pecados, será perdonado" (Santiago 5:14-15).
 
El aceite de la unción cura y quita el sufrimiento. Desde el momento en que los discípulos fueron enviados por Jesús a ministrar por el mundo, empezaron a usar el aceite para conferir la gracia de sanidad a los enfermos:
 
"Entonces los discípulos salieron y decían a todos que se arrepintieran de sus pecados y volvieran a Dios. También expulsaban muchos demonios y sanaban a muchos enfermos ungiéndolos con aceite de oliva" (Marcos 6:12-13).
 
Los creyentes son equipados para ministrar la gracia de Dios. Con el poder de la palabra se derrota al enemigo, se hacen inmunes a la exposición de alimentos contaminados y sus manos están ungidas con el don de la salud:
 
"Estas señales milagrosas acompañarán a los que creen: expulsarán demonios en mi nombre y hablarán nuevos idiomas. Podrán tomar serpientes en las manos sin que nada les pase y, si beben algo venenoso, no les hará daño. Pondrán sus manos sobre los enfermos, y ellos sanarán" (Marcos 16:17-18).
 
Es decir, que además del aceite como signo de consagración, la imposición de manos es un signo vital de la transmición de la gracia de Dios. A través del signo de la imposción de las manos, también se confirma la fe de los creyentes:

"Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo" (Hechos 8:17).

Como vemos la imposición de manos, no sólo es signo de sanidad y de bendición, sino que es un signo sensible que ocasiona y provoca la venida del Espíritu Santo sobre los creyentes:  
 
"Pablo dijo: El bautismo de Juan exigía arrepentirse del pecado; pero Juan mismo le dijo a la gente que creyera en el que vendría después, es decir, en Jesús. En cuanto oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Después, cuando Pablo les impuso las manos, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, y hablaron en otras lenguas, y profetizaron" (Hechos 19:4-6)

Por su parte, la cruz representa la victoria de Cristo. Simboliza el paso de la muerte a la vida. Con su muerte Cristo destruyó el pecado y con la resurrección, Cristo nos dió nueva vida. La cruz es el signo de la fuente de la salvación eterna:
 
"¡El mensaje de la cruz es una ridiculez para los que van rumbo a la destrucción! Pero nosotros, que vamos en camino a la salvación, sabemos que es el poder mismo de Dios" (1 Corintios 1:18).

Al igual que la cruz, una señal con la mano es un modo de bendición. Lo mismo sucede con las posturas corporales, en la oración, la alabanza y la adoración, las cuales señalan lo que una persona está haciendo para recibir la gracia de Dios.
 
Un signo puede ser una palabra, como el amen, un aleluya, una imagen o ilustración, de la misma manera que los olores y los colores, y muchas otros signos más, respresentan la abundate gracia de Dios que nos envuelve permanentemente.
 
La Biblia es un signo o sacramento tanto para los creyentes, como para el mundo, quien ve en estos libros la presencia de la palabra de Dios. Las Sagradas Escrituras es un conjunto de libros de contenido sagrado, que conserva las intervenciones de Dios en la historia de la humanidad. La Biblia comunica la verdad salvífica de Dios.
 
Por lo tanto, la Biblia en sí misma es un signo, porque las personas que se acercan a su contenido deben interpretar lo que Dios quiso comunicar y lo que el escritor sagrado quiso decir a través del lenguaje, de los géneros y de su estilo literario.
 
Todo en la Biblia es signo sacramental: Las palabras y sus expresiones, las personas y los protagonistas de los hechos y de los acontecimientos; los lugares y el tiempo en que sucedieron y se narran los sucesos; las circunstancias del autor, su problemática y las situaciones de los destinatarios.
 
En fin, hay signos que representan el final de los tiempos y el regreso de Nuestro Señor Jesucristo. En varios pasajes bíblicos se narra que habrá señales en la tierra, que producirá angustia en los diversos lugares de la tierra y sufrirá tribulación la humanidad (Mateo 24).
 
 
 
Octavo Examen:

¿En qué consiste la unidad del signo y de su contenido?
 
Opción 1 Es un recurso creado por las personas para recibir la gracia.
Opción 2 Es un instrumento que contiene forma, materia y contenido.
Opción 3 Es un medio evidente, sensible, palpable y eficaz de gracia.
Opción 4 Es un acto de fe, en que los creyentes creen recibir gracia.