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LECCIÓN   6.5 

la fuerza de la palabra escrita.
 
La palabra oral es veloz a través del aire y volátil en el tiempo. La palabra escrita camina lentamente, pero se conservan perenne en la historia.
 
Se podría afirmar que la escritura contiene y resguarda la palabra de la fugacidad. Pues el único depósito de la palabra oral es la memoria. En cambio, la palabra escrita tiene muchos medios de almacenamiento.
 
Además, como se puede volver una y otra vez al texto, la escritura consiente la reflexión, insita al análisis y promueve la interpretación, como lo aconseja el apóstol Pablo:
 
"Pongan a prueba todo lo que se dice. Retengan lo que es bueno. Aléjense de toda clase de mal" (1 Tesalonicenses 5:21).
 
La palabra oral es casi natural al ser humano, es la primera que se usa en la comunicación interpersonal y tiene una mayor trascendencia histórica. Pero aunque la escritura haya aparecido después, dentro de las diversas habilidades de la palabra, el texto prolonga la durabilidad del mensaje.
 
El discurso oral se escucha y hay que retenerlo en el momento. En cambio, la palabra escrita es duradera, transportable, se puede leer y voler a leer hasta llegar a la comprención del mensaje. El texto favorece el ordenamiento de las ideas y permite la síntesis de los contenidos.
 
La información que se recibe por escrito, ayuda a discernir y poner a prueba la intensionalidad del emisor del mensaje. Con la palabra escrita, hay más confianza y garantía de que se cumplan con las recomendaciones del apóstol Pablo:
 
"Queridos amigos, no les crean a todos los que afirman hablar de parte del Espíritu. Pónganlos a prueba para averiguar si el espíritu que tienen realmente proviene de Dios, porque hay muchos falsos profetas en el mundo" (1 Juan 4:1).
 
Lo escrito ya no sólo es de la comprensión personal del autor, sino el resultado de la reflexión de muchos en la comunidad, quienes han impregnado en letras la memoria colectiva de la oralidad.
 
"Sobre todo, tienen que entender que ninguna profecía de la Escritura jamás surgió de la comprensión personal de los profetas" (2 Pedro 1:20).
 
La palabra oral es parte de la vida diaria. La palabra escrita encuentra razones para el estudio y la profundidad. En las conversaciones cotidianas y en la interelación de mensajes, se usa más la palabra oral que la escritura.
 
La escritura es presencia y permanencia en el tiempo y en el espacio. Las palabras escritas trascienden fronteras, aunque los autores de la narración perezcan. La escritura vivifica el mensaje eternamente. 
 
Sin embargo, cuando Jesús invitó a sus discípulos a predicar el evangelio por todo el mundo (Marcos 16:15), se refería a la utilización de la palabra oral. En el ámbiente de Jesús, era común usar el medio linguístico del habla.
 
Mientras Jesús estuvo en la tierra citó la escritura de los judios, lo que significa que había leído o escuchado acerca de la historia sagrada de su pueblo. Pero él no escribió nada, ni nadie escribió acerca de sus enseñanzas. Toda la comunicación se impartió oralmente.
 
Por necesidad de mantener el contenido vigente y perdurar en el tiempo el mensaje oral se acentúa en el recado escrito. La escritura resuelve y gestiona la caducidad y la limitación de la oralidad. Los predicadores sagrados deciden poner por escrito sus enseñanzas, predicaciones y exhortaciones mediante deversos géneros literarios.
 
La fuerza de la palabra escrita es muy vigorosa. Los autores sagrados producían un sólo ejemplar de su mensaje, ya que escribían a mano, pero las lecturas grupales al rededor de su libro instruían a toda una comunidad.  
 
Con la invensión de la imprenta la palabra escrita se fortaleció. La lectura personal, familiar y grupal adquirió dimensiones excepcionales.
 
La fuerza de la palabra escrita radica en su permanencia, reiteración y que se puede corroborar. Supera el tiempo, el espacio y el idioma.
 
Por eso, los lectores con su propio ejemplar en la mano, se sumergen en la intimidad del conocimiento, del pensamiento crítico y de la circulación abierta de ideas. El apóstol Pablo dice:
 
"Tales cosas se escribieron hace tiempo en las Escrituras para que nos sirvan de enseñanza. Y las Escrituras nos dan esperanza y ánimo mientras esperamos con paciencia hasta que se cumplan las promesas de Dios" (Romanos 15:4).
 
Con la palabra escrita empieza la divulgación de objeciones, de conceptos y de opiniones. Oralmente jamás se hubiesen podido conservar y transmitir la prufundidad y la complejidad de las exposiciones que se alcanza mediante la escritura.
 
Ahora la vida diaria está llena de libros. Los receptores no tienen que desplazarse a los lugares públicos para escuchar al orador. Quienes empezaron a viajar, a fluir y a transitar por diversos snederos fueron los escritos. Cada persona podía escoger el mejor tiempo para instruirse leyendo y discerniendo que libro elegir.
 
Hoy día los soportes actuales han trascendido el papel. La electrónica se apoderó de la palabra. Bibliotecas virtuales y redes sociales siguen facilitando la circulación de la palabra. A tal punto que todos podemos escribir un libro y leer muchos autores.
 
La necesidad de comunicar pensamientos, sentimientos y experiencias la palabra escrita es una buena plataforma da darlos a conocer. Por eso, los autores de la Biblia pusieron la Palabra de Dios por escrito:
 
"Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto" (2 Timoteo 3:16).
 
En la escritura el lector se ausenta del autor del libro. El lector se introniza en el texto tan compactamente que escucha la voz de quien se habla y conversa con el personaje del texto.
 
La narración crea imágenes, memoriza los acontecimientos y revive con nostalgia los recuerdos, con tanto poder y fuerza que el mismo lector produce sus propias escenas. Del libro se deriva una serie de nuevas ideas y de actules vivencias personales y grupales.
 
La interpretación de los hechos pasados se aplican con propiedad en la actualidad. El texto es vigente en el tiempo y en el espacio. Nunca se agota, el mensaje es nuevo cada vez que se lee.
 
La misma vida, los hechos, las enseñanzas, los signos, señales y prodigios de Jesús se pusieron por escrito en cuatro versiones diferentes. Cada una conserva sus particularidades, su propia estrutura y estilo, aunque parten de las mismas fuentes.
 
Mucho de lo oral se pierde, se va, desaparece o se tergiversa en el tiempo. Nacen nuevas historias y se acomodan de nuevo lo que se conserva en la memoria personal y colectiva.
 
En cambio lo que se pone por escrito es lo que no deja descanzar al autor, le da vueltas en la cabeza, le resuena y le retumba hasta que lo saca y lo plasma en la palabra escrita. Lo que llega a la mente pero se va pronto no se retiene, ni se conserva en ningún escrito.
 
Antes del digitador de palabras, era diferente la creación de texto. Hoy día se pone por escrito ideas, pensamientos, imaginaciones y creaciones literarias, sabiendo que después se puede corregir, aumentar o cambiar.
 
Se valoraba la levedad, la rapidez y la exactitud. No se escribía para venerar la escritura, sino para aprender el contenido y asimilar las enseñanzas:
 
"Desde la niñez, se te han enseñado las sagradas Escrituras, las cuales te han dado la sabiduría para recibir la salvación que viene por confiar en Cristo Jesús" (2 Timoteo 3:15)
 
Pero antes, sólo se ponía por escrito lo que ya había dejado huella y rastro en los neuronas. Lo que ya no se podía ir ni soltar de la mente del autor. Debía ser más profundo y exacto en el momento de plasmar la idea en la escritura, pues pocas veces se podía hacer el borrador. 
 
De las manos de Pablo o de su secretario, el texto iba saliendo de forma fluida, sin nervios, ni titubeos. No había tiempo de dejarlo a un lado, para más tarde refrescarlo. No se sometía a consideración, todo salía con fluidez y de una sola vez. Ni revisión de contenido ni mejoramiento de redacción.
 
"Hasta que yo llegue, dedícate a leer las Escrituras a la iglesia, y a animar y a enseñarles a los creyentes" (1 Timoteo 4:13).
 
La escritura era muy respeta, pues gozaba de claridad, verdad y precisión. Los autores eran testigos o intrevistaban a los testigos como un legado. El autor escucha su voz interior, es fiel y leal al mensaje. Lucas  dice que investigó lo que puso por escrito (Lucas 1:3) y Juan fue testigo (1 Juan 1:3).
 
Todo lo que cuentan y consignaron por escrito fue lo más siginificativo y lo que dejaba una enseñanza. Escribieron por que era una urgente prioridad de transmitir de la mejor manera el encargo de anunciar el mensaje que les indicó Jesús (Mateo 28:19-20) 
 
En el principio era el vero y se hizo carne (Juan 1:14). Ahora todos somos ese verbo y esa palabra. Con la escritura podemos aprender cosas nuevas, analizarlas y usarlas en el diario vivir.
 
Los autores sagrados asumieron del mensaje de Jesús y lo pusieron por escrito. Nosotros debemos actualizar el mismo sistema y método de los discípulos de Jesús.
 
 
Sexto Examen:

¿En qué radica la fuerza de la palabra escrita?
 
Opción 1 En que cada lector puede interpretar el texto a su gusto.
Opción 2 Es rápida y veloz como el viento, y se conserva perenne.
Opción 3 En su permanencia, reiteración y que se puede corroborar.
Opción 4 Es fácil de memorizar porque se puede leer y volver al leer.