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LECCIÓN   4.7

Las virtudes son el fruto del arte de aprender.
 
Los hábitos son actitudes y comportamientos que se repiten con regularidad en una persona. Hay hábitos buenos que se llaman virtudes y hábitos malos, que se conocen como vicios.
 
Según sea el comportamiento del ser humano, se sabe qué clase de hábito ha cultivado en su vida dicha persona.
 
Actuar con mesura y obrar con sensatez y sobriedad son señales de la perfección de los dones en talentosas acciones que hacen buena, de calidad o excelente a la persona.
 
Las virtudes son los hábitos que el ser humano ha desarrollado mediante sus talentos, gracias a los dones que ha recibido de su naturaleza divina.
 
Es decir, las virtudes son los frutos de los hábitos y los hábitos se consiguen cuando una persona se propone aprender; cuando es disponible y enseñable para aprender. Pues, los hábitos se adquieren mediante el arte de aprender.
 
Entiéndase arte como cualquier actividad humana que haciéndose con esmero y dedicación, produce resultados buenos, llenos de estética y belleza, de manera repetitiva y permanente.
 
Ahora entiéndase aprender como la adquicisión o modificación de habilidades, como las destrezas, los conocimientos, las conductas o valores como resultado del estudio, la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación.
 
Por lo tanto, las virtudes se logran cuando se asimila una información y se adopta una nueva estrategia de conocimiento y acción. Las virtudes son fruto del aprendizaje.
 
Por eso, si queremos tener esperanza debemos cultivar el amor, esperando, deseando y anhelando de Dios con una firme confianza:
 
"Y esa esperanza no acabará en desilusión. Pues sabemos con cuánta ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con su amor" (Romanos 5:5).
 
Y si tenemos paciencia y perseveramos en la búsqueda de adquirir lo que deseamos, estamos cultivando la esperanza:
 
"Alégrense por la esperanza segura que tenemos. Tengan paciencia en las dificultades y sigan orando" (Romanos 12:12).
 
Además, las virtud de la esperanza es un legado que se puede observar en la experiencia de otras personas, que antes que nosotros ya la han cultivado y la han puesto en práctica:
 
"Esta esperanza es un ancla firme y confiable para el alma; nos conduce a través de la cortina al santuario interior de Dios. Jesús ya entró allí por nosotros. Él ha llegado a ser nuestro eterno Sumo Sacerdote, según el orden de Melquisedec" (Hebreos 6:19-20).
 
De ahí que las virtudes se logren mediante procesos. Las virtudes no aparecen por espontaneidad de un momento a otro. Las personas necesitan practicar, adquirir experiencia y evolucionar sus actos.
 
Mediante las virtudes las personas se apropian del conocimiento, en sus distintas dimensiones: conceptos, procedimientos, actitudes y valores.
 
Las virtudes son habilidades mentales llenas de conocimiento y de hábitos adquiridos, de habilidades desarrolladas y de actitudes forjadas.
 
Las virtudes son el fruto del arte de aprender porque son el resultado de la práctica de buenas costumbres.
 
Sin virtudes no se llega a ningún lado. Pues son la vitalidad para que los seres humanos nos adaptemos, tanto consciente como inconscientemente al medio en el que vivimos por medio de una modificación de nuestras costumbres y conductas.
 
Así que en su naturaleza el ser humano viene cargado de dones. Luego cuando adquiere el uso de razón sobre sus dones, se da cuenta de los talentos que ha recibido mediante las dádivas espirituales.
 
Después, a través de la repetición, multiplicación o desarrollo de esos talentos, la persona se hace talentosa. Ese hábito talentoso es lo que se llama virtud. Los seres humanos nacemos sin virtudes. Las virtudes son hábitos aprendidos y cultivados. 
 
Por lo tanto, las virtudes afloran de las elecciones reflesivas que confesiona una persona en su diario vivir. Las virtudes es lo que determina que seamos de cierta manera, irrepetibles y únicos.
 
Las virtudes es lo que nos permite estar bien dispuestos y obrar bien. Es lo que nos impulsa a ser capaces de realizar las funciones que son propias a nuestro ser de personas, con funciones y el desempeño de las misiones que la vida nos ha ecomendado realizar.
 
En el trancurrir de la existencia, en muchas ocasiones se abusa por exceso y se sensura por defecto. La virtud es el término medio, el cual es el punto más alto respecto del bien y la perfección.
 
El medio constituye la cima. El termino medio no admine ni exceso ni defecto. El bien es bien y el mal es mal. Los vicios son vicios y las virtudes son virtudes. Se tienen o no se tienen.
 
Por medio de las virtudes se evita hacer malas elecciones y se logran con mayor facilidad las cosas que Dios quiere que hagamos. Se consigue con eficacia desarrollar la misión y responder a la vocación que Dios nos ha encomendado en esta vida.
 
Así es que las virtudes como la prudencia, la justicia, la paz, la fortaleza, la templanza, la fe, la esperanza y la caridad, deben ser aprendidas a través de la educación y la enseñanza, pues se obtienen a través de la práctica de costumbres y de hábitos, como lo expresa el apóstol Pablo:
 
"Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza" (Filipenses 4:8).
 
No existe virtud sin bondad. La virtud es una disposición habitual y firme para hacer el bien y dar lo mejor en acciones concretas. Es la práctica libre de hacer el bien.
 
Pero se necesita una luz que ilumine nuestro camino para adquirir las virtudes. Esa luz se consigue en los escritos que nos han dejado los autores sagrados.
 
La prudencia se adquiere si aceptamos que "el fin del mundo se acerca. Por consiguiente, sean serios y disciplinados en sus oraciones" (1 Pedro 4:7).
 
Cuando llega un pensamiento a nuestra mente, debemos tener la capacidad de hacer un juicio, para discernir lo que es bueno y lo que conviene, para más adelante dar una opinión o tomar una decisión acertada al verdadero bien.
 
La justicia: "Amos, sean justos e imparciales con sus esclavos. Recuerden que ustedes también tienen un Amo en el cielo" (Colosenses 4:1).
 
Luego si deseamos cultivar la justicia, debe haber un deseo constante y se debe afirmar la voluntad, para dar a Dios y al prójimo lo que les pertenece y es debido.
 
La fortaleza: "Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo" (Juan 16:33).
 
La templanza: "enseña a los hombres mayores a ejercitar el control propio, a ser dignos de respeto y a vivir sabiamente. Deben tener una fe sólida y estar llenos de amor y paciencia" (Tito 2:12).
 
Asi es que si queremos cultivar la virtud de la templanza, debemos aprender a moderar la atracción hacia los placeres sensibles y procurar la mesura en el uso de los bienes creados

El apóstol Pablo nos anima diciendo que sí podemos obrar como Dios quiere que actuemos y nos ilumina cuando insiste:
 
"Tres cosas durarán para siempre: la fe, la esperanza y el amor; y la mayor de las tres es el amor" (1 Corintios 13:13).
 
Y en sus escritos, Pablo define cada una de las virtudes divinas: 
  
En cuanto a la fe, afirma el apóstol: "Esa Buena Noticia nos revela cómo Dios nos hace justos ante sus ojos, lo cual se logra del principio al fin por medio de la fe. Como dicen las Escrituras: Es por medio de la fe que el justo tiene vida" (Romanos 1:17).
 
La fe se muestra mediante el amor:
 
"Pues, una vez que depositamos nuestra fe en Cristo Jesús, de nada sirve estar o no circuncidado. Lo importante es la fe que se expresa por medio del amor" (Gálatas 5:6). 
 
No puede decirse que hay fe, sino se tiene buenos resultados, como lo dice el apóstol Santiago:
 
"Así como el cuerpo sin aliento está muerto, así también la fe sin buenas acciones está muerta" (Santiago 2:26).
 
En cuanto a la virtud de la esperanza: "Mantengámonos firmes sin titubear en la esperanza que afirmamos, porque se puede confiar en que Dios cumplirá su promesa" (Hebreos 10:23).
 
Por su parte la caridad es la cúspide de las virtudes: "Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros" (Juan 13:34).
 
Por lo tanto, las virtudes son disposiciones estables del entendimiento y la voluntad humana, que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe.
 
Las virtudes crecen mediante la educación, mediante actos deliberados y con el esfuerzo perseverante.
 
Por su parte, la gracia divina purifica y eleva nuestros hábitos virtuosos hacía la perfección de nuestros más grandes ideales.
 
De todas maneras, las virtudes tienen como origen, motivo y objeto, a Dios mismo, quien ha llegado a la humanidad a través de Jesucristo, nuestro modelo perfecto de cómo se adquieren y se cultivan las virtudes.
 
Octavo Examen:

¿Por qué las virtudes son el fruto del arte de aprender?
 
Opción 1 Porque son el resultado de la práctica de buenas costumbres.
Opción 2 Porque son obra de la buena suerte y del azar de la persona.
Opción 3 Porque automáticamente los dones producen buenos frutos.
Opción 4 Porque todo depende de Dios y el ser humano sólo acepta.