leccionesuvinet.org
LECCIÓN   4.5 
Los frutos como resultado de los dones.
 

El término fruto se deriva del latín fructus. Tiene referencia a gozar, disfrutar, hacer uso o consumir. Es decir el fruto es lo que una persona goza, disfruta y consume como resultado de su esfuerzo. 
 
Por eso fructificar es produccir, obtener o provocar rendimiento o ganancia. Es dar buenos resultados.
 
Aunque en el principio hacía referencia sólo a la productividad que se obtiene de la tierra, en especial de las plantas y a su fruto, después pasó a tener sentido figurado. 
 
Por ejemplo, Cristo aspira que sus seguidores en su iglesia lleven mucho fruto (Juan 15:2). Se trata de las actitudes y de las acciones de aquellas personas que viven para Cristo (2 Corintios 5:15), dirigidos y controlados por el Espíritu Santo (Romanos 8:6).  
Es decir, nada ni nadie produce por su propia cuenta. Los frutos son el resultado de una acción o de una actitud. En el sentido cristiano los frutos son el resultado de los dones del Espíritu Santo (1 Corintios 12:11), que perfecionan la vida del cristiano.
 
Los frutos son el resultado de un largo y penoso proceso. Ya Jesús mismo lo advertía cuando dijo que era necesario que la semilla muriera para producir granos nuevos y abundante cosecha de nuevas vidas:
 
"De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto" (Juan 12:24).
 
Por lo tanto, los dones funcionan mediante un trabajo disciplinario que el Espíritu Santo hace en la vida del cristiano, quien así mismo permite ser moldeado para que producir buenos resultados: 
 
"Ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla. Al contrario, ¡es dolorosa! Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella" (Hebreos 12:11).
 
Por el contrario, si el cristiano no se deja guíar y conducir por el Espíritu Santo, su vida es infructífera:
 
"Son como árboles en el otoño, doblemente muertos, porque no dan fruto y han sido arrancados de raíz" (Judas 1:12).
 
Como lo advierte Pablo, sería sólo obras de la carne (Gálatas 5:19-21), las cuales nada tienen que ver con lo espiritual:
 
"En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio" (Gálatas 5:22-23).
 
Los frutos son el resultado de los dones de Dios, porque los dones son la semilla que contiene el ADN de Cristo. Al madurar los dones en la persona con karisma produce frutos. La medida de los dones es equivalente al rendimiento que se obtiene:
 
"Así es, de la misma manera que puedes identificar un árbol por su fruto, puedes identificar a la gente por sus acciones" (Mateo 7:20).
 
Además del doloroso proceso de la metamorfosis que sufre la persona que posee los dones, para dar más frutos, es necesario que el cristiano continúe pasando por diversas pruebas, comparado como la poda de un árbol: 
 
"Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Él corta de mí toda rama que no produce fruto y poda las ramas que sí dan fruto, para que den aún más" (Juan 15:1-2).
 
Cuando ya somos de Cristo (Efesios 2:10) y vivimos a diario para Cristo (2 Corintios 5:15), vamos a producir frutos. No hay alternativa, producimos frutos si estamos y permanecemos unidos a Jesucristo:
 
"Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Pues una rama no puede producir fruto si la cortan de la vid, y ustedes tampoco pueden ser fructíferos a menos que permanezcan en mí" (Juan 15:4).
 
Además, la única manera de confirmar que somos cristianos y discípulos fieles de Jesús es por nuestros resultados. El estandar de los dones son los frutos. La calidad, la excelencia y la medida de nuestra fe se evidencia, se testifica y se valora en los frutos:
 
"Cuando producen mucho fruto, demuestran que son mis verdaderos discípulos. Eso le da mucha gloria a mi Padre" (Juan 15:8).
 
Sin embargo, el genuino cristiano, no tiene de qué preocuparse. No puede llevar una vida angustiada o desesperada en sí va o no a producir frutos. La cosecha está asegurada.
 
La única actitud que debemos tener es dejar hacer a Jesús en nosotros. Porque si somos cristianos es por pura disposición divina y no de nuestra propia voluntad: 
 
"No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé" (Juan 15:16).
 
Jesús mismo dice si lo amamos cumplimos sus mandamientos (Juan 14:21) y la señal de que conocemos a Cristo es que cumplimos sus mandamientos (1 Juan 2:3). Todo se fundamenta en escuchar y obedecer a la Palabra, que es Jesús mismo.
 
En la parábola del sembrador Jesús habla de las diversas personas que escuchan la Palabra de Dios:
 
"Las semillas que cayeron en la buena tierra representan a los que de verdad oyen y entienden la palabra de Dios, ¡y producen una cosecha treinta, sesenta y hasta cien veces más numerosa de lo que se había sembrado" (Mateo 13:23).
 
En conlusión, los frutos son el resultado de los dones de Dios en nuestra vida. Pero, para producir frutos hay que morir a si mismo, a las leyes humanas, a sus caprichos y a las meras constumbres, para dejar a Cristo y a su gracia que obre en nosotros, como lo confirma el apóstol Pablo:
 
"Por lo tanto, mis amados hermanos, la cuestión es la siguiente: ustedes murieron al poder de la ley cuando murieron con Cristo y ahora están unidos a aquel que fue levantado de los muertos. Como resultado, podemos producir una cosecha de buenas acciones para Dios" (Romanos 7:4).
 
El dilema de producir o no producir frutos consiste en discenir lo que hacemos, en vigilar nuestra vida cristiana diariamente y en evaluar las acciones de la iglesia.
 
La misma Palabra nos advierte sobre la aparición de los falsos profetas en la iglesia (Mateo 7:5). Denuncia de los falsos Cristos (Mateo 24:24), de los falsos apóstoles (2 Corintios 11:13), de los falsos hermanos (Gálatas 2:4, 2 Corintios 11:20), de los falsos maestros (2 Pedro 2:1) y hasta de obreros fraudulentos (2 Corintios 11:13).
 
Los escristos sagrados son muy claros y nos instruyen en cómo debemos identificar a este tipo de personas. Se trata de mirar y examinar los frutos. Los frutos buenos solo puede venir de una vida cristiana recta.
 
Cualquier persona, aunque pueda ser que hable de Dios, incluso de Cristo, puede producir fruto falso. Hay que ser precabidos. La Palabra de Dios sólo puede producir cambios en la vida del ser humano. Actúa a su favor:
 
"Esa misma Buena Noticia que llegó a ustedes ahora corre por todo el mundo. Da fruto en todas partes mediante el cambio de vida que produce, así como les cambió la vida a ustedes desde el día que oyeron y entendieron por primera vez la verdad de la maravillosa gracia de Dios" (Colosenses 1:6).
 
La vida del cristiano no se detiene, ni deja de producir. Es como árbol al borde de un río, siempre estará lozano y frondoso, dando fruto todo el año (Jeremías 17:8). La calidad de una vida se mide por sus resultados:
 
"Entonces la forma en que vivan siempre honrará y agradará al Señor, y sus vidas producirán toda clase de buenos frutos. Mientras tanto, irán creciendo a medida que aprendan a conocer a Dios más y más" (Colosenses 1:10).

Sexto Examen:

¿Por qué los frutos son el resultado de los dones de Dios?
 
Opción 1 Porque todo cristiano debe producir frutos adundantes.
Opción 2 Porque debemos discernir y estar vigilantes en la fe.
Opción 3 Porque son la semilla que contiene el ADN de Cristo.
Opción 4 Porque los dones son indispensables en el cristiano.