leccionesuvinet.org
LECCIÓN   4.10 
Los karismas producen los ministerios.
 
Los frutos permanentes de los karismas son los ministerios.
 
La evangelización en la actualidad se lleva acabo por todo el mundo. Los evangelizadores ejercen el oficio con valor, fuerza y la acción siempre nueva del Espíritu Santo.
 
El Espíritu Santo, distribuye los carismas según su parecer (1 Corintios 12:11), a quienes inspira a responder al llamado de la misión con profunda seriedad y convicción.
 
Hay designación personal a evangelizar y también existe una convocatoria colectiva. El llamado no es sólo individual, sino que el Espíritu Santo suscita en varias personas el mismo karisma, para que en común unidad, cumplan el deber de la evangelización como iglesia en el mundo.
 
En la actualidad sucede lo mismo que en la primitiva comunidad  cristiana. El Espíritu Santo dota a idóneos agentes de karismas y los aparta para el ministerio:
 
"Cierto día, mientras estos hombres adoraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Consagren a Bernabé y a Saulo para el trabajo especial al cual los he llamado" (Hechos 13:2).
 
El propósito es que la evangelización no sea una labor simplemente humana. Sino que sea la acción del Espíritu Santo, por medio de agentes capacitados por Dios mismo, como lo expresó muy bien el apóstol Pablo:
 
"Soy un mensajero especial de Cristo Jesús enviado a ustedes, los gentiles. Les transmito la Buena Noticia para presentarlos como una ofrenda aceptable a Dios, hecha santa por el Espíritu Santo" (Romanos 15:16).
 
Lo que en general llamamos denominaciones cristianas, son institutos, agencias o sociedades, que se han unido por un karisma común, para llevar a cabo la evangelización en un ambiente particular, específico y determinado.
 
Algunos se dedican a la evangelización mediante el cuidado de la niñez y otros con profesionales. Algunos consagran su esfuerzo a la familia, y hay quienes se especializan en atender la salud, a los ancianos o a los prisioneros. Son campos concretos y bien definidos.
 
Estos nichos que existen en el mundo y que se identifican por sus necesidades físicas y espiricuales, sociales, culturales y geográficas, claman que se les anuncie las buenas noticias de vida, que transforme sus ambientes de muerte.
 
Los ministerios son luz en la oscuridad (Mateo 5:14-16). Anuncian el evangelio para testimonio ante el mundo (Mateo 24-14) y hacen visible el amor de Cristo (Efesios 3:14-17).
 
Los diversos ministerios extienden el reino de Dios en medio de la humanidad, hasta la venida de Cristo:
 
"Para que nadie pueda criticarlos. Lleven una vida limpia e inocente como corresponde a hijos de Dios y brillen como luces radiantes en un mundo lleno de gente perversa y corrupta. Aférrense a la palabra de vida; entonces, el día que Cristo vuelva, me sentiré orgulloso de no haber corrido la carrera en vano y de que mi trabajo no fue inútil" (Filipenses 2:15-16).
 
El resultado de los karismas son los ministerios. Los karismas los producen ministerios, porque son la herramienta para servirle eficazmente Cristo.
 
Todo ministerio empieza con un grano de mostaza, pasando por hortaliza, llega a ser árbol (Mateo 13:31-32). Empieza tan simple y sencillo con el pesebre de Belén.
 
Los ministerios en un principio son sólo expresión karismáticas sencillas, expresadas por unos cuantos activistas, que sienten el llamado. 
 
Luego a medida que el grupo crece, se transforma en institutos de vida consagrada, en sociedades erigidas, aprobadas, reconocidas por los estados, los gobiernos y otras denominaciones religiosas, como organizaciones de la Iglesia.
 
Los ministerios son el resultado de la respuesta de algunas personas a la invitación especial que Dios les hace por medio del Espíritu Santo.
 
Los llamados aceptan la plena obediencia a Cristo, se entregan a la misión por encima de su propio interes y voluntad. Procuran dedicar toda su vida al servicio del reino de Dios. Con estas personas consagradas nacen los ministerios.
 
Existe un gran esfuerzo por discernir los nuevos dones de vida consagrada confiados por el Espíritu Santo a la iglesia. Al igual que Cristo al ser consagrado por sus padres en el templo, los ministerios tambien buscan iluminar a quienes viven en tinieblas:
 
"Él es una luz para revelar a Dios a las naciones, ¡y es la gloria de tu pueblo Israel!" (Lucas 2:32).
 
Sin embargo, se presentan muchas necesidades en campos concretos que hay que evangelizar, es el Espíritu Santo quien llama y determina quienes pueden ser útiles a dicha obra y cómo se va a realizar la evangelización.

A lo largo de la historia de la Iglesia, desde las comunidades iniciadas en Asia Menor hasta nuestros días, los ministerios han asumido diversidad de formas.

Algunos ministerios se han dedicado a la oración, a la adoración y a la contemplación. Mientras que otros se han desarrollado inmersos en el ambiente activo de la civilización.
 
Lo importante es que han sido fieles en responderle a Dios. Cuando alguien es llamado a un ministerio, su vida se transforma, su alma empieza a abatirse, a inquitarse y la Palabra de Dios adquiere sentido hasta las últimas consecuencias:
 
"Y les aseguro que todo el que haya dejado casa o esposa o hermanos o padres o hijos por causa del reino de Dios recibirá mucho más en esta vida y tendrá la vida eterna en el mundo que vendrá" (Lucas 18:29-30).

Cuando una persona es invitada por el Espíritu Santo a iniciar un nuevo ministerio, se le juntan más personas, y todos juntos realizan el trabajo. Dios da la visión y también proporciona la provisión. 
 
Un nuevo ministerio se fundamenta en el amor incondicional a Dios (Mateo 22:37), en un deseo ardiente de hacerse uno con el Espíritu de Dios (1 Corintios 6:17) y en la perseverancia y la constancia de esa entrega a Dios (1 Juan 4:16). Eso fue lo que hicieron los primeros discípulos de Jesús:
 
"Cierto día, mientras Jesús caminaba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban la red al agua, porque vivían de la pesca. Jesús los llamó: Vengan, síganme, ¡y yo les enseñaré cómo pescar personas!. Y enseguida dejaron las redes y lo siguieron" (Marcos 1:16).
 
Se repitió en el espíritu y la actitu dispuesta del apóstol Pablo más tarde, cuando es llamado por Jesús:
 
"Yo pregunté: ¿Qué debo hacer, Señor?. Y el Señor me dijo: Levántate y entra en Damasco, allí se te dirá todo lo que debes hacer" (Hechos 22:10). 
 
Es la misma firme respuesta que espera el Señor, en la actualidad, entre quienes llama al servicio ministerial. Son quienes con decisión y sin mirar atrás, serán aptos para el reino de Dios (Lucas 9:62).
 
Hay que entender que las diversas denominaciones religiosas o ministerios, más que juzgarlas por la diversidad de doctrina, teología, confesiones y metodologías, lo importante es valor su servicio ministerial, a través de la iglesia en el mundo.
 
En vez de criticar las diferencias, hay que entender la diversidad, unificar las afinidades y en lo que se coincide, pero sobre todo vivir el amor y la unidad, para que el mundo crea en Jesucristo (Juan 17:21).

 
Undécimo Examen:

¿Por qué los karismas producen los ministerios?
 
Opción 1 Porque los que son llamados a evangelizar siguen a Cristo.
Opción 2 Porque la gracia de Dios invita a todos a la evangelización.
Opción 3 Porque hay diversidad de ministerios y uno sólo es el Señor.
Opción 4 Porque son la herramienta para servirle eficazmente a Cristo.