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LECCIÓN   2.8 

¿Cómo llegar al conocimiento de Dios?

La palabra griega que designa conocimiento es gnosis, la cual significa conocimiento.

Conocer es tener en el cerebro la información de algo, es saber la diferencia y entender la naturaleza, las cualidades y las circunstancias.

Pero este conocimiento viene de nuestra naturaleza divina:

"Demuestran que tienen la ley de Dios escrita en el corazón, porque su propia conciencia y sus propios pensamientos o los acusan o les indican que están haciendo lo correcto" (Romanos 2:15). 

Se llega al conocimiento a través del estudio, usando la razón y por la experiencia, cuando se capta o se procesa información acerca de lo que nos rodea.

Pues, a través del testimonio de la creación conocemos a Dios:

"Por medio de todo lo que Dios hizo, ellos pueden ver a simple vista las cualidades invisibles de Dios: su poder eterno y su naturaleza divina. Así que no tienen ninguna excusa para no conocer a Dios" (Romanos 1:20).  

Conocemos a Dios por su misma revelación:  "conocen la verdad acerca de Dios, porque él se la ha hecho evidente" (Romanos 1:19).   

Al conocimiento se le aprecia por su validez, se cotiza por su valor y su vigencia es mutable, es incompleto, nunca está terminado, siempre estamos conociendo.

Se llega a conocer cuando se estudia.

El estudio también está presente en los asuntos de la fe. Estudiar representa una oportunidad providencial para progresar en el camino del conocimiento de Dios.

Cuando se cultiva el cerebro o la mente, las emociones y los sentimientos abren nuestra alma, para escuchar la voz de Dios, con discernimiento y la humildad.

Si el conocimiento está en el cerebro, Dios es intelecto, es espíritu, es amor y es misterio.

Ante el ser humano Dios es objeto de estudio y llegar a su naturaleza tiene su método, pues es revelación y búsqueda de la realidad: "
El temor del Señor es la base de la sabiduría. Conocer al Santo da por resultado el buen juicio" (Provervios 9:10). 

El deseo que hay en nosotros por conocer a Dios no es nuestro, sino de Dios mismo: 
 "Quiero que demuestren amor, no que ofrezcan sacrificios. Más que ofrendas quemadas, quiero que me conozcan" (Oseas 6:6).

El conocimiento de Dios en Jesús es invaluable:
"Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo" (Filipenses 3:8).

Por su parte, hacemos la voluntad de Dios cuando le estamos sirviendo en su obra y "
podemos estar seguros de que conocemos a Dios si obedecemos sus mandamientos" (1 Juan 2:3). 

Jesús mismo afirma que el reino de Dios está entre nosotros: "
Nunca podrán decir: ¡Aquí está! o ¡Está por allí!, porque el reino de Dios ya está entre ustedes" (Lucas 17:21) 

Enfatiza que la
 vida eterna es conocimiento de Dios: "Y la manera de tener vida eterna es conocerte a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste a la tierra" (Juan 17:3).

La experiencia personal de Dios es motivo de conocimiento: "
Les anunciamos al que existe desde el principio, a quien hemos visto y oído. Lo vimos con nuestros propios ojos y lo tocamos con nuestras propias manos. Él es la Palabra de vida" (1 Juan 1:1). 

En fin, hasta el mismo amor es conocimiento de Dios: "
el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 Juan 4:8).

 

Noveno Examen:


¿Cómo llegamos al conocimiento de Dios?
 
Opción 1 Por medio de las oraciones y el culto dominical.
Opción 2 Por la lectura constante de las Sagradas Escrituras.
Opción 3 Cuando somos obedientes y practicamos su voluntad.
Opción 4 A través del estudio, por la razón y la experiencia.