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LECCIÓN   2.13

¿Cómo pasar de la imitación a la interpretación?
 
El término imitación viene del latín imitatio. Significa hacer algo idéntico a lo que ya existe. Producir una copia exacta del original. Concebir una representación del modelo o figura real.
 
Por su parte, la palabra interpretación se deriva del latín interpretari: "intermediario". Que media entre dos partes, por encima de leyes establecidas, con el propósito de descubrir nuevos significados.
 
La imitación está presente en las artes, como la pintura, la música, la actuación y la fotografía. En estas disciplinas, como en otras, se siguen ciertas reglas y se incorporan modelos, para que la imagen sea lo más cercana posible con la realidad.
 
Por la imitación se marcan épocas, se definen géneros y se delinean estilos; se detectan y se miden tendencias; se eligen y se pautan modas.
 
En la actualidad, se critica que la formación académica profesional está afectada por la funcional imitación, en vez de propocionar pautas para la interpretación, que guié a los educandos a nuevos horizontes del conocimiento y a estimular nuevos decubrimientos.

Es que la imitación es tan cotidiana, que sucede como algo natural. En muchos casos la misma naturaleza acude a la imitación, para tomar ventaja de su camuflado y enriquecer el misterioso fluir de la vida. 
 
La razón por lo que se imita, es porque se considera que el original es superior. Pero también, se imita por miedo y sobrevivencia; por inseguridad a fracasar y por la frustración al rechazo. 
 
Es evidente, que la imitación resulta de la tradición, la educación, la cultura y las creencias espirituales religiosas. La superstición y el fetichismo se nutren de la imitación.
 
Sin embargo, aunque la imitación parezca natural, no es fácil imitar. El resultado de la imitación viene de una mente prodigiosa. Se necesita inteligencia, capacidad de observación y agudeza en la admiración.  

Pero, aunque es virtuoso reproducir con versatilidad lo que se quiere representar, Pablo incita a que evitemos la imitación, para que aprendamos la destreza de discernir la voluntad de Dios:
 
"No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer (discernir) la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta" (Romanos 12:2).
 
Discernir es percibir y declarar la diferencia que existe entre la voluntad de Dios y las costumbres tradicionales adquiridas por la cultura, la sociedad y las creencias.
  
Por eso, es necesario trasladarse de la imitación a la interpretación. La herramienta del discernimiento es la interpretación.
 
Jesús mismo recomienda la interpretación: "¡Necios! Saben interpretar las señales del clima en la tierra y en los cielos, pero no saben interpretar los tiempos presentes" (Lucas 12:56).
 
Es una invitación a suprimir lo innecesario y a restablecer lo esencial, para profundizar en el diálogo comprensible y estrecho, dentro la iglesia y con el resto de la humanidad.
 
Por eso, en la iglesia cambian muchas cosas. Las versiones bíblicas, las palabras en las oraciones y la predicación, las formas y costumbres de adoración.
 
Jesús nos invita a discernir los acontecimientos y la iglesia los debe adaptar, es decir interpretar. Cambia el medio, que es la forma del mensaje, pero no el contenido . 

Entonces, ¿Cómo pasar de la imitación a la interpretación? El paso ocurre cuando se cambia la manera de pensar (Romanos 12:2).

La manera de pensar la cambia Dios por su gracia, y también la puede cambiar el ser humano cuando elige tomar sus propias deciciones. Por eso hay que creer que todo depende de Dios, pero hay que hacer las cosas con todo el esfuerzo humano.

Interpretar es entender, conocer, evolucionar, crear, traducir y adaptar lo que ya existe a nuevas circuntancias, inventos y producciones con nuevas formas de expresión.

Jesús Maestro, vino a interpretar lo que en épocas anteriores se había dicho: "Oísteis que fue dicho a los antiguos... pero yo os digo" (Mateo 5:21 y siguientes). 

El mismo Señor, lo aclara cuando afirma que no vino a quitar: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir" (Mateo 5:17). 

La expresión "para cumplir", significa que Jesús está interpretando la voluntad de Dios. Su propósito es establecer el reino de los cielos entre nosotros, como Jesús mismo lo proclamó:

"A partir de entonces, Jesús comenzó a predicar: Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios, porque el reino del cielo está cerca" (Mateo 4:17)a]">

Y como también lo interpretó Pablo: 

"Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe"(Filipenses 3:8-9).

Interpretar es hacer lo complicado simple y simplificar lo complicado. Es saber entender y darle sentido racional a los textos escritos, a los signos y a los símbolos, actualizándolos.
 
Dios mismo había dado la ley  a través de Moisés, y como no fue suficiente para que el ser humano alcazara la salvación, más tarde proporcionó la gracia y reveló la verdad:
 
"Pues la ley fue dada por medio de Moisés, pero el amor inagotable de Dios y su fidelidad vinieron por medio de Jesucristo" (Juan 1:17)

Ese cambio sucede a través del discenimiento, que se hace através de la interpretación. Porque lo antaño a veces se hace incomprensible y por lo tanto, difícil de cumplir:
 
"Aplastan a la gente bajo el peso de exigencias religiosas insoportables y jamás mueven un dedo para aligerar la carga" (Mateo 23:4).

Con la nueva interpretación la propuesta de Jesús es impresindible, vital y refrescante. Su enseñanza es clara y atrayente: 

"Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana" (Mateo 11:28)
 
Por la interpretación sabemos darle a Dios lo que le pertenece y al ser humano lo debido: "Den al César lo que pertenece al César y den a Dios lo que pertenece a Dios" (Mateo 22:21). 
 
El Maestro nos anima a tener autoridad en la interpretación: "¿Por qué no pueden decidir por ustedes mismos lo que es correcto?" (Lucas 12:57). ¡Para qué acudir a otras instancias! (Lucas 12:58-59)
 
Como lo hemos podido descubrir hasta aquí, Dios mismo discernió y también interpretó. De la misma manera lo hizo Cristo. Ahora, nosotros debemos seguir el mismo criterio.
 
Por la interpretación, adquirimos la habilidad para llegar a saber y comprender cómo se pueden hacer las cosas de una mejor manera. Entendemos, por qué debemos actuar para que las situaciones cambien. Y especialmente decidimos innovar y evolucionar en nuestras vidas, en la búsqueda de vivir más y mejor.
 
Por último, la historia es el registro de las interpretaciones humanas, su aceptación, su transformación en ideales y su oportuno reemplazo por la imposición de otros nuevos propósitos, planteamientos y creencias.
 
No imitemos. Interpretemos los signos de los tiempos, para descubrir nuevos medios de expresión y nuevos instrumentos, para alcanzar una mejor visión y lograr mayor vigor en el ministerio de la iglesia.
 
 
Décimo Cuarto Examen:

¿Cómo pasar de la imitación a la interpretación?
 
Opción 1 Transformando ideas a nuevos conceptos.
Opción 2 Haciendo una reproducción del original. 
Opción 3 Cuando se deja de lado la imitación.
Opción 4 Cambiando la manera de pensar.