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LECCIÓN   5.13  
El servicio es medible y evaluable.
La definición común del término medible, es algo que se puede medir. Por supuesto, la expresión evaluable es lo que se puede determinar y calcular su valorar significativo.
 
El servicio medible no es imaginario, ni simplemente se queda en la buena intención de quien prodría prestar ayuda. Por su parte, en la evaluación del servicio se aprecia y se mira con buenos ojos el mérito de quien brinda la cooperación.
 
En una ocasión, Jesús hizo la siguiente oración: 
 
"Oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, gracias por esconder estas cosas de los que se creen sabios e inteligentes, y por revelárselas a los que son como niños" (Mateo 11:25).
 
Es una evidente expresión de que Dios actúa en concreto y no en teoría. Aunque todos somos imagen de Dios (Génesis 1:27), de todos modos Dios distingue y diferencia a unos de otros. De la misma manera el servicio debe priorisar a sus beneficiarios.
 
Lo mismo sucedió con el servicio de Cristo. Aunque su obra favorecía a todo el mundo (1 Juan 4:14), sólo muchos, y no todos, son quienes reciben la remisión de los pecados (Mateo 26:28), y al final serán apartados unos de otros (Mateo 25:32).
 
Hay condiciones para recibir la redención. Aunque es para todos, las personas para recibir la salvación deben creer (Juan 3:16). Para recibir el regalo de la vida eterna, es necesario que las personas comprendan, reconozcan y confién en Cristo Salvador:
 
"Es por eso que trabajamos con esmero y seguimos luchando, porque nuestra esperanza está puesta en el Dios viviente, quien es el Salvador de toda la humanidad y, en especial, de todos los creyentes" (1 Timoteo 4:10).
 
Jesús es la Palabra de Dios, que se encarnó y habitó entre nosotros (Juan 1:14). La presencia de Jesús en la tierra no fue conceptual. Jesús vino a prestar un servicio presencial, físico y palpable:
 
"Cristo murió y resucitó con este propósito: ser Señor de los vivos y de los muertos" (Romanos 14:9).
 
La labor de Jesús no fue abstracta, ni tampoco inderminada. Lejos de ser un servicio teórico, fue una acción muy práctica y corporal a favor nuestro. Se trató de padecer, morir y resucitar, para darnos la salvación:
 
"Tal como Dios nuestro Padre lo planeó, Jesús entregó su vida por nuestros pecados para rescatarnos de este mundo de maldad en el que vivimos" (Gálatas 1:4).
 
Además, Jesús fue muy consciente de su misión. Su comportamiento y sus palabras son de un verdadero y auténtico servidor. Teniendo conciencia de ser Hijo de Dios, a quien llamó Abba (14:36), se despojó de su condición divina (Filipenses 2:6-8) y él mismo proclamó como iba a ser su insuperable servicio a favor de la humanidad:
 
"A partir de entonces, Jesús empezó a decir claramente a sus discípulos que era necesario que fuera a Jerusalén, y que sufriría muchas cosas terribles a manos de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los maestros de la ley religiosa. Lo matarían, pero al tercer día resucitaría" (Mateo 16:21).
 
La misión que se le encomendó a Jesucristo es medible y evaluable en la manifiestación de sus frutos (Mateo 7:16). Por eso, al final de su ministerio Jesús mostró una evidente actitud de contentamiento, por el honesto desempeñado de su trabajo, y por haber terminado su labor:
 
"Yo te di la gloria aquí en la tierra, al terminar la obra que me encargaste" (Juan 17:4). 
 
Fue tan evidente la evaluación que Jesús hizo de su labor, que pudo medir las consecuencias. Después de resucitar y ante sus alegres, asombrados y sorprendidos apóstoles, Jesús hace una valoración y apreciación del cumplimiento de su cometido: .
 
"Cuando estaba con ustedes antes, les dije que tenía que cumplirse todo lo escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos" (Lucas 24:44).
 
El servicio de Jesús fue medible, porque pudo comparar, observar y determinar su dimensión de un antes de su muerte y un después de resucitar. El servicio debe dimensionarse, ya sea por la cantidad o la calidad de las actitudes y de las acciones, tanto de quienes prestan el servicio, como de los receptores de la ayuda.
 
Cuando se presta un servicio a favor de alguien, esa acción produce resultados que se pueden identificar y medir, bien sea por sus dificultades, los acontecimientos físicos que sucedan o por la frecuencia con la que se registren los hechos. 
 
En el servicio hay metas y objetivos, que muchas veces van más allá de esperar resultados numéricos y cuantificables. Pero siempre el servicio es una acción que se puede medir y evaluar, si en verdad es eficaz. La misma Palabra de Dios, manifiesta el preciso y determinado poder de su actuación:
 
"Pues la palabra de Dios es viva y poderosa. Es más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra entre el alma y el espíritu, entre la articulación y la médula del hueso. Deja al descubierto nuestros pensamientos y deseos más íntimos" (Hebreos 4:12).
 
En todo servicio, para que se pueda medir y evaluar, entra la capacidad de los agentes, la formación adecuada y los recursos necesarios que garantizan alcanzar las metas.
 
Cuando se proyecta un ministerio de servicio, el tiempo, los materiales, el dinero y los demás recursos son fundamentales. Toda labor de servicio que se pueda medir y evaluar es encomiable:
 
"¿Quién comenzaría a construir un edificio sin primero calcular el costo para ver si hay suficiente dinero para terminarlo? (Lucas 14:28).
 
Por eso, el servicio social no es sólo una espontánea inspiración aislada de alguien en una congregación. Ni tampoco son únicamente propósitos intelectuales y cognitivos. Son proyectos eminentemente prácticos, dirigidos a la persona, al grupo o a la comunidad afectada por alguna situación de deterioro y de signos de muerte.
 
Por eso, hay que contar con la formación de líderes, de personas que adquieran habilidades y conocimientos necesarios para alcanzar los objetivos del servicio. Los agentes del servicio deben desarrollar conocimientos y destrezas entre las personas que necesitan la ayuda para generar el cambio.
 
El servicio es medible y evaluble porque es un proceso permanente de compromiso social. La asistencia social y la promoción humana son las variables de la efectividad del desarrollo integral de la humanidad.
 
Por eso, Jesucristo les dio poder y autoridad a sus discípulos. El propósito era que transformaran a las personas y a los entornos de destrucción, en ambientes de vida.
 
Por lo tanto, los discípulos de Jesús debían ir a las regiones muy bien capacitados y equipados:
 
"Jesús reunió a sus doce discípulos, y les dio poder para sanar enfermedades y autoridad sobre todos los demonios. Luego los envió a anunciar las buenas noticias del reino de Dios y a sanar a los enfermos" (Lucas 9:1-2).
 
Entre los enviados de Jesús se halla la autoridad y el poder para gestionar y administrar el servicio. Jesús delegó a sus discípulos responsabilidades y los equipó con lo necesario para ejercer su misión.
 
Como los discípulos estaban preparados para la misión, triunfaron. Al regreso los apóstoles venía contentos y victoriosos porque habían cumplido con la misión que Jesús Maestro les confió:
 
"Cuando los setenta y dos discípulos regresaron, le informaron llenos de alegría: ¡Señor, hasta los demonios nos obedecen cuando usamos tu nombre!" (Lucas 10:17).
 
Este mismo entrenamiento se siguió haciéndo a lo largo de la historia de la iglesia. Pablo escogió a Timoteo de entre sus discípulos y lo llevó con él (Hechos 16:1-3). Lo mismo sucedió con Tito, quien fue considerado su hijo en la fe (Tito 1:4) y a quien llevaba en sus viajes relevantes (Gálatas 2:1-2). 
 
Jesús tampoco sirvió sólo (Marcos 13:3). Sus discípulos fueron de dos en dos (Lucas 10:1) y Pablo buscó siempre ayuda y colaboración de otros miembros del equipo y de otras personas o de iglesias que se unieron a su proyecto evangelizador.
 
Sólo en el saludo final de la carta a los Romanos, el apóstol Pablo menciona a 16 colaboradores (Romanos 16:1-27). Fue un hombre de relaciones que supo involucrar a otros en el ministerio apostólico.
 
Pablo escogió a hombres y mujeres, casados y solteros, ricos y esclavos, de origen judió y entre los gentiles, como compañeros de 
su misión. A todos sus colaboradores los trata con amor y respeto, como verdaderos hermanos y hermanas indispensables para la misión (Romanos 16:13).
 
Por su labor bien organizada y planeada, el apóstol Pablo pudo medir y evaluar los resultados de su misión (1 Corintios 4:9-13). Constató que se podía vencer en la lucha por evangelizar a la humanidad, a pesar de las controversias (2 Corintios 4:7:10). Su servicio lo pudo medir, evaluar y hacer comparaciones con otros servidores (2 Corintios 11:23-29).
 
Al igual que el apóstol Pablo, nosotros debemos servir con visión, pasión y dedicación. Debemos hacer nuestras las recomedaciones que le hace a su discípulo Timoteo:
 
"Predica la palabra de Dios. Mantente preparado, sea o no el tiempo oportuno. Corrige, reprende y anima a tu gente con paciencia y buena enseñanza" (2 Timoteo 4:2).
 
Si actuamos con propósito, podemos medir y evaluar los resultados del servicio evangelizador. 
 
 
Decimo cuarto Examen:

¿Por qué el servicio es medible y evaluable?
 
Opción 1 Porque se puede saber la cantidad de ayuda que se da.
Opción 2 Porque es un proceso permanente de compromiso social.
Opción 3 Porque se busca derrotar la marginación con ayuda social.
Opción 4 Porque se pueden hacer planes de desarrollo en comunidad.