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LECCIÓN   5.12 

El servicio asistencial urgente.
 
El servicio es la ayuda desinteresada que alguien le presta a quien lo necesita. La persona, el grupo o la comunidad es la célula receptiva del servicio.
 
En algunos ámbitos, sectores de pensamiento y hacedores de solidaridad, se afirma que es mejor enseñar a pescar que dar el pescado. Dicha afirmación se ha vuelto un dicho popular creible.
 
Sin embargo, muchas veces dar el pan o el pescado es el comienzo de un servicio, que a la larga termina siendo eficiente y eficaz. Es el final de una muerte anunciada y el principio de una progresiva prosperidad de sobreabundancia inesperada.
 
Cuando Jesús sanaba, hacía la curación sin enseñarle al paciente cómo lo había tratado, ni le mostraba la fórmula, ni esperaba que el enfermo aprendiera el proceso de sanidad.
 
Jesús servía porque su misión era servir (Marcos 10:45). Jesús se presenta como el adecuado prototipo y ejemplar paradigma para nuestra auténtica identidad cristiana (Juan 13:15).
 
El servicio efectivo es inmediato y a tiempo. Es hacerse cargo de una situación presente, que se tiene al frente. A veces es una prioridad súbita, fortuita, inesperada y hasta impensada.
 
El servicio debe ser aquí y ahora. En el tiempo terrenal de Jesús, quienes acudían a él no simpre parecía recibir la ayuda inmediata, pero al final nadie se iba vació y sin una respuesta evidente de alivio para su necesidad.
 
Sucedió con la mujer sirofenecia, que su situación parecía no impresionar al Maestro (Mateo 15:22-24). Sólo después de pasar por la humillación y una tremenda desesperación, Jesús actuó a su favor (Mateo 15:28).
 
Algo parecido aconteció con el ciego, quien tuvo que gritar muchas veces, superar los obstáculos de quienes querían acallar su voz, pero al fina Jesús se detuvo a sanarlo (Lucas 18:38-40).
 
Con su amigo Lázaro, a quien Jesús amaba y por quien lloró su muerte (Juan 11:35), su auxilio pareció tardar (Juan 11:4), pues hasta las mismas hermanas de Lázaro se quejaron por su tardanza. Marta primero (Juan 11:21) y luego María le hacen la misma interpelación (Juan 11:32). Pero al final se impuso el servicio asistencial urgente.
 
Así que no hay duda de que el servicio hay que prestarlo en el momento preciso y en el lugar adecuado. Como sucedió con el buen samaritano. De manera imprevista y espontánea este viajero actuó con un servicio asistencial urgente:
 
"Entonces pasó un samaritano despreciado y, cuando vio al hombre, sintió compasión por él. Se le acercó y le alivió las heridas con vino y aceite de oliva, y se las vendó. Luego subió al hombre en su propio burro y lo llevó hasta un alojamiento, donde cuidó de él. Al día siguiente, le dio dos monedas de plata al encargado de la posada y le dijo: Cuida de este hombre. Si los gastos superan esta cantidad, te pagaré la diferencia la próxima vez que pase por aquí" (Lucas 10:33-35).
 
Quienes asaltaron y robaron y maltrataron al peregrino actuaron con codicia. La codicia es el vicio en contra del mandato de no apropiarse de los bienes de los otros (Exodo 20:17).
 
Jesús, no solamente rechaza la codicia, sino que enseñó la práctica de la milla extra (Mateo 5:41-43), instrucción que los primeros cristianos apreaciaron y ejercieron con frecuencia:
 
"Sufrieron junto con los que fueron metidos en la cárcel y, cuando a ustedes les quitaron todos sus bienes, lo aceptaron con alegría. Sabían que en el futuro les esperaban cosas mejores, que durarán para siempre" (Hebreos 10:34)
 
En el fatal acontecimiento donde actuó muy bien el samaritano, el levita y el sacerdote procedieron como viles avaros (Lucas 10:31-32). Pensaron en ellos mismos, no en quien estaba mal herido. Pusieron primero el precepto religioso de la contaminación y no usaron el juicio transformador de Jesús, mediante el valor universal de la caridad.
 
A excepción del samaritano, ninguno actuó a imagen y semejanza de Dios amor (1 Juan 4:8), mediante el servicio sincero y generoso. Con sus actitudes negaron que el servicio al prójimo es un valor prioritario para heredar la vida eterna (Lucas 10:1).
 
El servicio asistencial urgente es proceder de la misma forma como actuó el buen samaritano (Lucas 10:37).
 
Hay que servir siempre con amor desinteresado. Quien sirve, sirve. Quien no sirve, no sirve. Pues el uso permanente de la misericordia es el fruto de nuestra fe y es también lo que nos identifica ante el mundo como discípulos de Jesús:
 
"Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos" (Juan 13:34-35).
 
A través de la parábola del buen samaritano Jesús expuso la regla total y completa de su doctrina. El amor se personifica y se concreta en el necesitado, en quien uno se encuentra por casual, quienquiera que sea.
 
Así lo hicieron los primeros seguidores de Jesús. En los comienzos de la primera comunidad cristiana la norma era que ninguno pasara necesidad (Hechos 4:34).
 
A medida que se fue extendiendo el cristianismo el servicio asistencial urgente fue una práctica muy frecuente.
 
Fue la acción del amor a los hermanos espirituales, lo que motivó al apóstol Pablo a organizar las colectas entre las congregaciones de Acaya, Galacia, Macedonia y el distrito de Asia, para beneficiar a quienes pasaban necesidad en Jerusalén:
 
"Ahora bien, consideremos la pregunta acerca del dinero que se está juntando para el pueblo de Dios en Jerusalén. Deberían seguir el mismo procedimiento que les di a las iglesias de Galacia. El primer día de cada semana, cada uno debería separar una parte del dinero que ha ganado. No esperen hasta que yo llegue para luego tratar de reunirlo todo de golpe. Cuando yo vaya, escribiré cartas de recomendación para los mensajeros que ustedes escojan como encargados de entregar su ofrenda en Jerusalén" (1 Corintios 16:1-3).
 
Pablo no sólo pensó en enseñar a pescar, también se preocupó por dar el pescado. Las iglesias de Macedonía son un referente del servicio asistencial urgente. El apóstol Pablo especifica que aunque eran iglesia probadas con muchas aflicciones y muy pobres, desbordaban en generosidad con gran alegría:
 
"Pues puedo dar fe de que dieron no sólo lo que podían, sino aún mucho más. Y lo hicieron por voluntad propia. Nos suplicaron una y otra vez tener el privilegio de participar en la ofrenda para los creyentes de Jerusalén" (2 Corintios 8:3-4).
 
El apóstol Pablo instruyó muy bien a los miembros de las congregaciones que él había implantado. Les había presentándo excelentes razones para cultivar una actitud generosa. Pues se trataba de imitar la generosidad de Jesús Maestro (2 Corintios 8:9). Por eso, con propiedad les notifica:  
 
"Cada uno debe decidir en su corazón cuánto dar; y no den de mala gana ni bajo presión, porque Dios ama a la persona que da con alegría" (2 Corintios 9:7). 
 
No se le obliga nadie a dar más allá de sus posibilidades. En la simpleza de la vida cristiana, los primeros creyentes fueron ejercitados en la disposición permanente de ayudar a los más necesitados. Pablo corrobora dicha actitud, cuando se dirige a los cristianos de Corintio por segunda vez:
 
"En realidad, no necesito escribirles acerca del ministerio de ofrendar para los creyentes de Jerusalén. Pues sé lo deseosos que están de ayudar" (2 Corintios 9:1-2). 
 
Como era norma común practicar el servicio asistencial urgente, Pablo atiende con convicción la petición que le hicieron los apóstoles, quienes eran considerados columnas de la iglesia (Gálatas 2:9), en la reunión en Jerusalén, catorce años después de su conversión:
 
"La única sugerencia que hicieron fue que siguiéramos ayudando a los pobres, algo que yo siempre tengo deseos de hacer" (Gálatas 2:10). 
 
Al comienzo del cristianismo se entendió muy bien el valor del servicio asistencial urgente, como vínculo de fraternidad humana. Había en cada donante el espíritu de unidad y amistad con los demás.
 
Por lo tanto, la ayuda es mutua. Quien da y quien recibe se se benefician por igual. Quien recibe también está dando y aportando. Viven engañados y en una falacia quienes piensa que cuando dan no están recibiendo nada.
 
Los receptores del servicio asistencial urgente no son una carga, ni mucho menos abusones de la sociedad. El apóstol Pablo, expone con claridad la doble función de beneficio entre quienes dan y quienes reciben:
 
"Pues, les cuento, los creyentes de Macedonia y Acaya con entusiasmo juntaron una ofrenda para los creyentes de Jerusalén que son pobres. Lo hicieron con gusto porque se sienten en deuda con ellos. Dado que los gentiles recibieron las bendiciones espirituales de la Buena Noticia por parte de los creyentes de Jerusalén, sienten que lo menos que pueden hacer por ellos a cambio es ayudarlos económicamente" (Romanos 15:26-27). 
 
Así que de ahora en adelante hay razones para poner a funcionar el servicio asistencial urgente, aunque encontremos oposisición al dar el pescado. Pablo, posiblemente fue acusado de aprovecharse de lo que iba a recuadar, por eso se le malogró el primer intento (2 Corintios 8:20-21), luego reanimó a completar la colecta (2 Corintios 8:10-11) y después llevó la ayuda, acompañado de testigos (Hechos 20:4).
 
Contra viento y marea, entre controversias, lo importante fue que el apóstol Pablo, al final logró el cometido de practicar el servicio asistencial urgente.
 
 
Decimo tercer Examen:

¿De qué se trata el servicio asistencia urgente?
 
Opción 1 Proceder de la misma forma como actuó el buen samaritano.
Opción 2 Practicar la ley de enseñar a pescar en vez de dar el pescado.
Opción 3 Una modalidad de ayudar a los marginados de la sociedad.
Opción 4 Practicar la norma universal de dar, sin esperar recompensa.